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Noticias Actualidad | COVID-19 y efectos neurológicos: implicaciones desde la Neuropsicología

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Marco Calabria. Profesor del máster de Neuropsicología. Doctor en Psicobiología por la Universidad de Padua (Italia) y máster en Bioestadística y Epidemiología por la Universidad de Milán-Bicocca (Italia).
Información facilitada por la UOC (Universitat Oberta de Catalunya)

Sobre la COVID-19 y sus consecuencias sobre la salud se ha hablado en muchos aspectos, sobre todo los implicados en la evolución inmediata de la enfermedad sobre la persona afectada. Pero se deben tener en cuenta las complicaciones secundarias y a largo plazo. Una de estas complicaciones son las alteraciones neuropsicológicas: tratamos en este artículo la COVID-19 y los efectos neurológicos.

A pocas semanas de la llegada del coronavirus los neurólogos ya estaban advirtiendo de las posibles complicaciones del sistema nervioso central que podía generar el SARS-CoV-2.

En una de las áreas más afectadas por las infecciones, en el norte de Italia, un grupo de neurólogos observó que las secuelas del COVID-19 no se limitaban a los pulmones y al corazón, ya que los pacientes presentaban también signos neurológicos como cefaleas, anosmia o dolores musculares. Para hacer un seguimiento más exhaustivo de las secuelas neurológicas abrieron una planta ‘Neuro-Covid’ que permitiría investigar en más profundidad el impacto clínico del virus. Asimismo, hicieron un llamamiento internacional en el que invitaban a la comunidad científica internacional a monitorizar las complicaciones neurológicas en las personas que estaban infectadas por coronavirus.

Paralelamente, en abril, la Sociedad Española de Neurología publicaba un manual con las indicaciones clínicas para el manejo de las posibles complicaciones neurológicas del SARS-CoV-2 y la información sobre los mecanismos de acción del virus a nivel del sistema nervioso central y periférico y activaba un ‘’Registro COVID-19’ para recopilar todos los casos. Desde estas primeras acciones de la comunidad clínica y científica, el interés ha ido creciendo, estudiándose de manera más sistemática las afectaciones neurológicas y neuropsicológicas causadas por el COVID-19.

A pesar de que han transcurrido pocos meses y no se conocen todos los efectos secundarios a largo plazo del coronavirus, ya se dispone de algunos estudios publicados que aportan nuevos datos sobre el fenómeno. En este artículo en primer lugar analizaremos qué tipos de alteraciones cognitivas están asociadas al COVID-19, las más frecuentes y las más atípicas. En segundo lugar, nos centraremos en las vías de la infección y los mecanismos responsables de causar daños cerebrales.

¿Cómo se ven afectadas las funciones cognitivas?

Es importante señalar que la afectación de las funciones cognitivas no se limita a personas afectadas por la COVID-19 que han sufrido síntomas graves, sino que también aparecen en aquellas que han padecido síntomas leves. Los resultados de un estudio que ha investigado la cognición en 84,285 personas muestran ciertas diferencias en las secuelas neuropsicológicas en función de los síntomas padecidos y el tipo de ingreso hospitalario. A las que se le aplicó ventilación mecánica vieron deterioradas sus capacidades cognitivas de manera generalizada, siendo la afectación comparable a un deterioro cognitivo de 10 años. Sin embargo, las que no recibieron ventilación mecánica mostraron un deterioro cognitivo equivalente a 5 años. Un dato sorprendente de este estudio es la afectación cognitiva de la COVID-19 en las personas que no estuvieron ingresadas. A pesar de que no mostraron alteraciones cognitivas generalizadas, su atención sí se vio afectada en un grado similar al de los pacientes ingresados.

Estudio sobre las consecuencias neurológicas

Un estudio publicado por Zhou y colaboradores (2020) demostró que las secuelas en personas afectadas por el virus que se habían recuperado de la infección tenían déficits en las tareas de atención sostenida, una habilidad cognitiva que nos permite mantener el foco atencional en una actividad durante un largo periodo de tiempo.

Asimismo, Rogers y colaboradores (2020), en una revisión de 72 estudios, encontraron que el 38,2% de los pacientes con COVID-19 presentaban problemas de concentración y atención, y un 34% problemas de memoria. Según los datos analizados por estos autores la atención y la memoria son los procesos cognitivos más frecuentemente alterados, mientras que la ansiedad y la depresión son las alteraciones emocionales más comunes.

De manera similar, un estudio hecho en España por Almeria y colaboradores demuestra que los pacientes con COVID-19 a los que se les aplicó ventilación en la UCI tenían problemas de atención, memoria y funciones ejecutivas, alteraciones que no tenían antes de la infección y que no estaban presentes en las personas asintomáticas.

Estas alteraciones cognitivas son compatibles con lo que se está observando en personas que se han recuperado de la COVID-19 y que experimentan estados descritos como ‘niebla cerebral’ (brain fog). Es decir, tener dificultades en concentrarse y focalizar los pensamientos que pueden interferir con las capacidades de memorizar y recuperar recuerdos.

Finalmente, hay que tener en cuenta el empeoramiento que han padecido aquellas personas que ya tenían alteraciones cognitivas previas debido a enfermedades neurodegenerativas, como secuelas de un daño cerebral adquirido, o debidas a trastornos del desarrollo. El confinamiento no les ha permitido seguir con regularidad el proceso de rehabilitación y, en algunos casos, ha agravado la sintomatología emocional y conductual por el aislamiento social, aumentando la ansiedad, el insomnio y la depresión.

Los efectos neurológicos por COVID-19

La pérdida del olfato (anosmia) fue uno de los síntomas que levantó la sospecha de que el COVID-19 puede afectar el sistema nervioso central y periférico. De hecho, los primeros datos que se publicaron en abril desde Wuhan lo señalaban como un síntoma típico de la infección, más allá de las crisis respiratorias. Además, el mismo estudio indicó que, de los 214 pacientes estudiados, el 25% tenía otras afectaciones del sistema nervioso central. A partir de este estudio se han publicado varios artículos que nos dan una idea de la epidemiología de las afectaciones neurológicas y de los posibles mecanismos de acción del virus.

¿Qué sabemos?

Primero, que las afectaciones neurológicas secundarias a la COVID-19 reportadas hasta ahora son variables; en algunos estudios son del 6%, pero en otros llegan hasta el 57% de los casos evaluados, según los datos del registro español ‘Albacovid’. Las más frecuentes son ictus isquémico, trombosis y hemorragia cerebral; las menos frecuentes incluyen cuadros de encefalitis, epilepsia y meningoencefalitis.

Segundo, que no está claro si el SARS-CoV-2 tiene una acción directa sobre el sistema nervioso central o si las afectaciones neurológicas son las consecuencia de otros procesos patológicos. Las evidencias directas como las alteraciones de los marcadores biológicos y neurofisiológicos no son muy frecuentes según la encuesta de la European Academy of Neurology que ha recogido datos de 1800 pacientes. Solo un 12% de ellos tenía alteración moderada o alta de los marcadores biológicos en el líquido cefalorraquídeo y un 18% alteraciones electroencefalográficas. Aún así, la mayoría de los pacientes presentaba signos de alguna afectación neurológica.

Finalmente, las complicaciones neurológicas se podrían explicar por diferentes mecanismos. Las vías directas prevén que el virus o las citoquinas puedan atravesar la barrera hematoencefálica (la línea de defensa del cerebro) o que la infección de neuronas periféricas pueda transportar el virus al sistema nervioso central. Estos mecanismos de acción del virus podrían explicar la afectación del hipocampo, una de las estructuras cerebrales que es fundamental para consolidar nuevos aprendizajes y que se ha visto afectada en animales de laboratorio expuestos al virus.

Entre las causas indirectas estarían los efectos secundarios de la ventilación mecánica a la que están sometidos las personas que han padecido síntomas graves de COVID-19. De hecho, los estudios que han valorado las secuelas de la ventilación mecánica en personas con problemas respiratorios debidos a otras patologías han demostrado que los déficits de memoria pueden persistir hasta 5 años después del ingreso hospitalario. Estos datos explicarían la alta prevalencia de deterioro cognitivo global en las personas hospitalizadas en las UCI. Sin embargo, queda por entender por qué los pacientes con síntomas más leves por COVID-19 también presentan alteraciones cognitivas como las de las funciones atencionales. Por último, los efectos sistémicos de la infección podrían causar procesos inflamatorios que podrían desembocar en encefalitis o problemas vasculares que provocan, por ejemplo, ictus.

Para la neuropsicología se abre un nuevo camino para investigar de manera más sistemática los déficits cognitivos asociados a esta nueva infección, tanto a corto como a largo plazo. Se deberán evaluar los déficits de manera generalizada en todas las personas infectadas, incluso cuando sus síntomas hayan sido leves y de corta duración. Asimismo, el seguimiento a largo plazo es fundamental para diseñar estrategias de rehabilitación neuropsicológica para reducir el impacto funcional de las secuelas cognitivas. Finalmente, habrá que estudiar el impacto sobre los aspectos emocionales y seguir la evolución de los trastornos psicopatológicos con herramientas apropiadas, como estrategias para valorar los efectos colaterales de la pandemia.

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