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Noticias | La genética determinará el tratamiento hormonal durante la menopausia

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“El análisis genético de la mujer candidata a beneficiarse de la terapia hormonal nos dirá si es segura esa terapia o si una mujer en concreto presenta un potencial efecto carcinogénico a los estrógenos”, indica el especialista de IMQ. El estudio genético se completa con el estudio para el riesgo trombótico de la mujer para el tratamiento prescrito.

Sin embargo, hasta que este tipo de análisis genético se implante y extienda por las consultas médicas, el Dr. Guevara recuerda que los dos avances más significativos para el tratamiento de la menopausia son dos nuevos fármacos.

El primero se enmarca dentro de la terapia hormonal que actúa “de manera eficaz y segura” contra los síntomas relacionados con la menopausia como son los sofocos y la atrofia vaginal. “Se trata del primer tratamiento hormonal libre de progestágenos. Es un medicamento que combina estrógenos conjugados con bazedoxifeno, un fármaco  que actúa como antagonista de los receptores estrogénicos en el útero con un perfil de seguridad importante en la protección del endometrio y de la mama”.

El segundo es el ospemifeno para el tratamiento de atrofia vaginal ya que “es el primer medicamento oral que no contiene hormonas, por lo que va a permitir mejorar su cumplimiento terapéutico y la calidad de vida de muchas mujeres ayudando a regenerar las células y restaurar de forma natural la humedad de la mucosa vaginal. Así se puede tratar la atrofia vulvovaginal sintomática en mujeres posmenopáusicas que no cumplen los requisitos para recibir un tratamiento vaginal con estrógenos locales, pudiendo ser empleado en pacientes con cáncer de mama que han finalizado su tratamiento”, explica el ginecólogo de IMQ.

El tratamiento “debe ser individualizado en función de los síntomas que se padezcan o de los procesos que puedan prevenirse”. Según puntualiza el ginecólogo, “es importante trasladar a las mujeres con problemas durante la menopausia las opciones terapéuticas, hormonales y no hormonales de las que disponen para garantizarles una buena calidad de vida y para ello es fundamental la coordinación entre los profesionales de los campos de la Ginecología, Medicina de Familia, Enfermería o Farmacia, para que la mujer reciba una atención integral durante esta etapa”.

 

Entre el 20 y el 25% de las mujeres presentan síntomas menopáusicos severos

En este momento, “entre el 20 y el 25% de las mujeres presentan síntomas menopáusicos severos, según diferentes publicaciones, que afectan a su calidad de vida y necesitan ayuda médica, pero sólo el 1% recibe tratamiento hormonal”. Esto se debe por un lado, a que muchas pacientes se resignan a sufrir síntomas como sofocos, sudoración, insomnio y trastornos osteoarticulares “porque los consideran propios de la edad y piensan que hay que pasarlos; y por otro lado, España es uno de los países de Europa con más rechazo al tratamiento hormonal debido en parte a un problema de información según una publicación reciente (Climateric)”.

 

Síntomas más frecuentes

Tal y como señala el doctor Luis María Guevara de IMQ; “los síntomas clínicos que tenemos que atender en nuestras consultas con más frecuencia son los sofocos, la atrofia vaginal, la incontinencia urinaria y la osteoporosis”.

Los sofocos son el síntoma “más común” en la perimenopausia y posmenopausia. Muchas veces se asocian a trastornos del sueño. Por otro lado, “la atrofia vaginal incluye sequedad vaginal, dolor o incomodidad en las relaciones y disfunción sexual”. Se muestra con más frecuencia al final de la transición menopáusica y en los años de la posmenopausia.

Con la llegada de la menopausia y la consiguiente reducción de estrógenos, “la mujer pierde masa muscular y elasticidad poniendo de manifiesto la incontinencia o agravándola”. Para este problema es importante “educar a la mujer sobre la existencia de los programas de prevención como la rehabilitación del suelo pélvico mediante ejercicios y fisioterapia”.

Por último, en las mujeres se da una aceleración de la tasa de pérdida ósea alrededor del momento de la menopausia, cuya duración es poco precisa, “pero puede ser de 5 a 10 años”. Las fracturas osteoporóticas constituyen “un importante problema de salud en la población femenina, dando lugar a una importante morbilidad, mortalidad y coste para los servicios de salud. Por lo tanto, la prevención en este apartado es fundamental”, apunta el experto.

 

Terapia hormonal y riesgo cardiovascular

Los datos epidemiológicos y diversos estudios clínicos evidencian una acción protectora de los estrógenos sobre el árbol vascular, la coagulación y los factores de riesgo de enfermedad cardiovascular. Según los datos de la Sociedad Española de Cardiología, a partir de los 50 años, el 50% de las mujeres padece hipertensión y una de cada tres presenta diabetes o, trastornos del metabolismo de los hidratos de carbono o colesterol elevado. “Este riesgo se ve incrementado cuando la menopausia llega de forma prematura (antes de los 45 años). En estos casos el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular es más elevado ya que la mujer pasa más años sin la cardioprotección asociada a los estrógenos”.

De todas formas, la relación entre terapia hormonal sustitutiva y el riesgo cardiovascular “sigue siendo controvertida”. Los últimos datos incluidos en el estudio WHI confirman que la terapia hormonal en la menopausia no debe utilizarse como una estrategia de prevención cardiovascular. “Esta terapia no es aconsejable en mujeres de edad avanzada o con factores de riesgo cardiovascular, mientras que en mujeres jóvenes que inician el tratamiento cerca de la menopausia tiene un efecto neutro en la relación riesgo/beneficio cuando se combinan estrógenos y progesterona; pero cuando la terapia es sólo con estrógenos, la relación es favorable”.

 

 

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