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Noticias Actualidad | Nuevo informe de una autoridad de la competencia sobre el modelo de farmacia

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Antonio Durán-Sindreu Buxadé
Socio Director de DS, Abogados y Consultores de Empresa

En los últimos años, resulta habitual que cada cierto tiempo se publiquen trabajos, informes o estudios que cuestionan el modelo español de farmacia, caracterizado por la propiedad y titularidad del establecimiento a favor de farmacéuticos y por un estricto sistema de planificación para asegurar una atención adecuada a la comunidad, no basada en términos estrictamente comerciales.

En el actual contexto de crisis económica, no es de extrañar que algunos de estos informes vuelvan a salir del cajón y a poner sobre la mesa el eterno debate de la liberalización.

El último de estos trabajos es un reciente informe de la autoridad catalana de la competencia titulado “Restricciones a la competencia en la distribución minorista de medicamentos”, publicado en diciembre de 2020 y cuyo contenido vamos a resumir en estas notas. Si bien está centrado en la regulación catalana (Ley 31/1991 de Ordenación farmacéutica), lo cierto es que sus argumentos son extrapolables a otras muchas legislaciones autonómicas, pues –salvo la excepción de Navarra– en todas ellas se respeta el modelo mediterráneo, ahora cuestionado.

El Informe reconoce que la distribución minorista de medicamentos está muy regulada porque los medicamentos son unos bienes de carácter esencial y la prestación farmacéutica forma parte de la política sanitaria, que tiene como objetivo de interés general la protección de la salud de los individuos. No obstante, tras reconocer que la regulación pretende garantizar, por una parte, que se haga un uso seguro y racional de medicamentos de calidad y, de otra, que sean accesibles a todos los ámbitos geográficos y asequibles considera que las restricciones impuestas para alcanzar estos fines se tienen que ajustar a los principios de buena regulación y tienen que estar justificadas en términos de necesidad y proporcionalidad, generando la mínima distorsión de la competencia posible.

Entre otros, los puntos en los que la Autoridad de la competencia considera que hay restricciones que deben valorarse son los relativos al acceso al mercado (la planificación que implica limitaciones por ratios de población y distancias mínimas entre oficinas de farmacia y respecto de los centros de salud o las fuertes limitaciones a los traslados, especialmente cuando implican un cambio de ABS), las restricciones al acceso a la propiedad (que sólo puede corresponder a uno o a más de un titulado en farmacia y sólo se puede ser propietario o copropietario de una sola oficina de farmacia), las reservas de actividad a farmacias (pues tienen la exclusiva de la custodia, conservación y dispensación de medicamentos de uso humano), o la prohibición de venta por procedimientos telemáticos cuando se trata de medicamentos sujetos a prescripción médica.

Igualmente el informe parece criticar desde el punto de vista competencial tanto el régimen e horarios como la limitación a la aplicación de descuentos en la dispensación de medicamentos.

Según la autoridad de la competencia, estas restricciones dificultan el acceso a los medicamentos y hacen que el sistema de distribución sea más costoso para los consumidores y contribuyentes del que sería posible con un modelo más eficiente y que permitiera reducciones de precios como consecuencia de un incremento de la competencia.

Sentado lo anterior, las recomendaciones que lanza la Autoridad de la competencia son las siguientes.

• La ACCO considera apropiada la transición hacia un modelo en que se permita la dispensación telemática de medicamentos, tanto de los sujetos como de los no sujetos a prescripción médica.
• Considera también positivo eliminar la reserva de las oficinas de farmacia en la dispensación presencial y telemática de medicamentos (sujetos a prescripción médica o no sujetos). Esta medida, que se podría limitar en los casos de medicamentos específicos, especialmente sensibles, permitiría –siempre según el informe– ampliar los canales de distribución de los fármacos no sólo a los medios telemáticos sino también a otros establecimientos físicos (supermercados, parafarmacias, etc.).

Consciente del enorme cambio que suponen estas propuestas en relación con el modelo actual, y el impacto económico que supondrían en los propietarios y en los trabajadores de las oficinas de farmacia existentes en la actualidad, considera la Autoridad de la competencia que sería necesaria una implementación gradual o un periodo de transición.

Otras propuestas –no menos rompedoras– que lanza el organismo son:

• Reducir los requisitos por la autorización de nuevas oficinas de farmacia, sugiriendo que se permita la apertura de la primera oficina de farmacia a cada municipio de manera libre, así como, en general, reducir las restricciones de acceso en términos de ratios de población por oficina de farmacia dentro de cada ABS y de distancias entre oficinas de farmacia y respecto de los centros de salud;
• Eliminar el requisito según el cual los propietarios de las oficinas de farmacia tienen que ser titulados en farmacia.
• Permitir la libertad horaria de las oficinas de farmacia.
• Flexibilizar el traspaso, venta o cesión de la oficina de farmacia.
• Eliminar el límite de descuento sobre el precio de venta al público de los medicamentos publicitarios y posibilitar los descuentos en los medicamentos financiados por el Sistema Nacional de Salud.
• Permitir la propiedad de más de una oficina de farmacia, así como su integración vertical.
• Ampliar las titulaciones que permiten supervisar la dispensación de medicamentos en las oficinas de farmacia.
• Modificar el sistema de retribución de las oficinas de farmacia, pasando a un sistema en que exista más correspondencia entre la retribución y la prestación de servicios al consumidor.

En definitiva, una batería de propuestas que no solo cuestionan, sino que directamente atacan el actual modelo de farmacia y en las que se echa de menos una reflexión sobre la suma importancia que tiene el asesoramiento sanitario por parte de un profesional, el farmacéutico, aunque sea en fármacos sin prescripción, y el papel que ha jugado en la actual situación de pandemia.

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