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Punto de venta | La información contable en la oficina de farmacia: el estado de flujos de efectivo

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En los dos artículos anteriores hemos ido desarrollando dos de los elementos de los estados financieros de una empresa, el balance de situación (que nos mostraba los activos de que disponíamos, los pasivos que los financiaban y el patrimonio neto del que disfrutábamos) y la cuenta de pérdidas y ganancias, y que nos ofrece información sobre el resumen de las operaciones (ingresos y gastos) durante un período determinado, normalmente un año.

 

De esta forma, mientras el balance nos muestra, como indicábamos, la situación patrimonial; la cuenta de resultados o de pérdidas y ganancias, nos informa sobre si hemos ganado o hemos perdido dinero en un período determinado.

Pero, ¿vender significa necesariamente cobrar?… Y, ¿comprar significa necesariamente pagar?… Y, ¿solamente cobramos y pagamos por nuestras ventas y nuestros gastos? Ésta es la cuestión a plantear…

La cuenta de resultados recoge nuestras VENTAS, que no necesariamente han estado cobradas. Si nosotros vendemos un producto a través de una receta de la Sanidad Pública, percibimos una pequeña cantidad (o cero) de la venta efectuada; quedando la parte importante de la venta pendiente de cobro. Y viceversa, adquirimos productos que no pagamos hasta transcurridos 45 ó 60 días. Por lo tanto, podemos tener un resultado positivo en la cuenta de resultados y NO tener tesorería en nuestra caja, pues las ventas que hemos registrado aún no las hemos cobrado.

Adicionalmente nuestras compras de inmovilizado, nuestras inversiones, suponen salida de tesorería y se nos muestran de forma íntegra en nuestra cuenta de resultados[1]. Asimismo, solicitar un préstamo al Banco mejora nuestra tesorería, pero la caja percibida no figura en la cuenta de resultados[2].

Por lo tanto, el análisis de nuestra tesorería requiere un estudio particular, pues existen 3 grandes grupos de  tesorería a considerar y que nos permiten reconciliar la caja, la tesorería entre dos períodos determinados; tal como se observa en la figura 1.

 

 

Por lo tanto, podemos tener (o no…), tesorería, caja a final de ejercicio, por el impacto de estas tres funciones, claramente diferentes, de la empresa. Veamos cada una de ellas.

1) Actividades de explotación

Si todos los ingresos se hubieran cobrado en el ejercicio y todos los gastos se hubieran satisfecho en el mismo, el importe de la cuenta de resultados nos facilitaría la tesorería de explotación del ejercicio[3]. En cambio, esta situación no es que no sea habitual; es que es prácticamente utópica. Las empresas a final del ejercicio tienen importes pendientes de cobro de sus clientes y/o otras entidades, y acreditan diversos importes a sus proveedores y otros terceros de diversa índole (Hacienda Pública, Seguridad Social, etc.). Es por ello que debemos considerar la variación del capital corriente.

¿Qué es la variación del capital corriente?

  • Un incremento de activos corrientes en el período supone una reducción de la cifra de tesorería generada en relación a los recursos generados por las operaciones. Pongamos un ejemplo. Supongamos una empresa de la cual disponemos de la siguiente información:
    • Saldo de clientes a 31.12.20X2: 300
    • Saldo de clientes a 31.12.20X1: 200
    • Ventas del año 20X2[4]: 1.000

 

 

Si se han vendido 1.000 unidades monetarias durante el ejercicio, y el incremento del saldo de clientes durante el 20X2 es de 100 (300 – 200), quiere decir que de las ventas realizadas, 100 adicionales al año anterior permanecen pendientes de cobro. Por lo tanto, como el punto de partida para el cálculo de la tesorería es el resultado del ejercicio, deberemos ajustar dicho resultado a través de la variación del capital corriente restando 100.

  • Una reducción de activos corrientes supone un incremento de la tesorería generada en relación a los recursos generados por las operaciones en el período. Pongamos un nuevo ejemplo. Supongamos una empresa de la cual disponemos de la siguiente información:
    • Saldo de clientes a 31.12.20X2: 0
    • Saldo de clientes a 31.12.20X1: 400
    • Ventas del año 20X2: 1.000

Si se han vendido 1.000 unidades monetarias durante el ejercicio, y la reducción del saldo de clientes es de 400 (400 – 0), quiere decir que de las ventas realizadas ninguna permanece pendiente de cobro y, adicionalmente, se ha cobrado todo el saldo pendiente que provenía del año anterior. Por lo tanto, como el punto de partida para el cálculo de la tesorería es, como decíamos, el resultado del ejercicio, deberemos ajustar dicho resultado a través de la variación del capital corriente sumando 400.

Sensu contrario, un incremento de pasivos corrientes supone un incremento de la tesorería generada en relación a los recursos producidos por las operaciones en el período; y una reducción de pasivos corrientes, supone una reducción de la cifra de tesorería generada en relación a los recursos obtenidos por las operaciones.

Como segunda gran actividad, como indicábamos desde una visión financiera, nos encontramos con las actividades de inversión; aquellas, por tanto, vinculadas a la adquisición de activos no corrientes y otros activos no incluidos dentro del efectivo y/o otros activos líquidos equivalentes. Asimismo, en este grupo encuadraremos las actividades de desinversión, que generarán, por analogía, tesorería a la compañía en vez de consumir, como se da en el caso de las inversiones. Por lo tanto, el saldo neto de las actividades de inversión (aunque desglosando cobros por desinversiones y pagos por inversiones), nos indicará el impacto en la tesorería de la empresa durante el período considerado.

Como tercera actividad de la empresa, nos encontramos con las actividades de financiación, entendiendo como tales los recursos concedidos por entidades financieras en forma de préstamos u otras formas de financiación; o, sensu contrario, los pagos por amortización o devolución de las cantidades aportadas por ellos.

Finalmente, como resumen de las variaciones de los flujos de efectivo de las actividades de explotación, de inversión y de financiación; deberíamos obtener la variación neta del efectivo o equivalentes en el ejercicio.

En la figura 2 se muestran diferentes escenarios de flujos de las actividades de explotación, con diferentes lecturas desde un punto de vista financiero (se ha simplificado el modelo a efectos de este ejemplo, incluyendo sólo cuatro variables clave significativas para la comprensión del ejemplo).

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  • Caso A: El flujo generado es 600 superior al resultado contable, dado que:
    • Las amortizaciones del período, a sumar al resultado pues no suponen salida de tesorería, son de 300.
    • Ha habido una reducción de existencias. Como anteriormente se ha analizado, una reducción de capital corriente supone un incremento de la tesorería generada en el ejercicio.
    • Ha habido una reducción del saldo de clientes, también por importe de 100, de forma que incrementa, por el mismo motivo que en el caso anterior de la existencias, la tesorería generada.
    • Se ha incrementado el saldo pendiente de pago a proveedores (incremento de pasivo corriente supone mayor tesorería generada, partiendo, como es el caso, del resultado del ejercicio).

Por lo tanto, una variación positiva del capital corriente de 300, junto con las amortizaciones practicadas, también de 300, determina que la tesorería generada es notablemente superior (1.600) al resultado del ejercicio (1.000).

  • Caso B: El flujo de explotación generado, 700, es inferior al resultado del ejercicio, puesto que:
    • Las amortizaciones son las mismas que en el caso A, y por lo tanto se adicionan también al resultado contable.
    • Ha habido un incremento de existencias (incremento de capital corriente), y ello supone un consumo de tesorería mayor al que resulta de la cuenta de resultados, por lo que debe minorarse del punto de partida por dicho incremento, 200.
    • Sucede lo mismo con el saldo de clientes que se ha visto incrementado por el mismo importe respecto al saldo de clientes del ejercicio anterior.
    • Finalmente, en las cuentas de proveedores, se produce una reducción de las mismas (reducción de pasivo corriente), por lo que debe ajustarse también negativamente el resultado contable para determinar la tesorería de explotación.

En consecuencia, una variación negativa del capital corriente de 600, junto con las amortizaciones practicadas, determina que la tesorería generada es sensiblemente inferior (700) al resultado del ejercicio (1.000). Esta es una situación habitual de empresas que tienen importantes necesidades de capital corriente y que, en consecuencia, pueden ver en riesgo sus estrategias de crecimiento, pues las mismas le pueden llevar a unos mejores resultados contables, pero también a unas importantes tensiones de tesorería que, incluso en algunos casos, podrían poner en riesgo la viabilidad de la empresa.

  • Caso C: El flujo de explotación generado, 1.000, es idéntico al resultado del ejercicio, aunque debemos analizar el mismo para poder extraer información y potenciales conclusiones:
    • Las amortizaciones son las mismas que en los casos A y B, y por lo tanto se adicionan también al resultado contable.
    • Ha habido una reducción de existencias y del saldo de clientes por el mismo importe, 50 en cada caso. Al tratarse de una reducción de activos corrientes supone un incremento de la tesorería generada.
    • En cambio, se ha reducido el saldo de proveedores en el ejercicio por importe de 400, por lo que una reducción del pasivo corriente supone una menor generación de tesorería.

Tenemos, como decíamos, un resultado contable idéntico a la tesorería generada, pero analizando podemos ver que posiblemente se hayan gestionado adecuadamente los activos corrientes (o al menos ha supuesto mejorar la tesorería generada), pero quizás no los pasivos corrientes, pues se ha satisfecho más importe que las compras del ejercicio, quizás por una reducción en el período medio de pago a proveedores. Habría que evaluar, si éste fuera el caso, las posibles consecuencias de esta reducción, por ejemplo, disminución del coste de las materias primas y/o descuento por pronto pago versus una posible mayor utilización de financiación bancaria para atender dichos pagos de forma anticipada.

Por lo tanto, a través de estos ejemplos, se ha podido comprobar la importancia de analizar el flujo de las actividades de explotación y su conciliación con el resultado contable.

Finalmente, concluir que, para la buena marcha de un negocio, deben cumplirse dos premisas “muy sencillas”:

  • La facturación ha de ser mayor a los gastos.
  • La facturación hay que cobrarla antes de que se paguen los gastos, o al menos, la diferencia no sea muy importante; pues si pagamos, antes de cobrar, necesitaremos financiar este decalaje.

Y no lo olvidemos: el peor gasto de una empresa es una venta no cobrada; no tenemos ni el dinero, ni el producto.•

 

Fernando Campa
Profesor del Departamento
de Gestión de Empresas de la
Universitat Rovira i Virgili y
del MGOF (Máster de Gestión de Oficina
de Farmacia) del COFB

 



[1] Si realizamos una inversión que estimamos va a durar 10 años, se mostrará 1/10 de esta inversión cada año en la cuenta de resultados, en la cuenta de amortizaciones de inmovilizado.

[2] En la cuenta de resultados se mostrarán tan solo los intereses financieros que debamos satisfacer.

[3] Excepto por el importe de la amortización de inmovilizado, que corresponde a una imputación contable sin que suponga salida de caja.

[4] Suponiendo no existe Impuesto sobre Valor Añadido en todos los ejemplos planteados.

 

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