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Consejo farmacéutico | Los medicamentos no son caramelos

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Puntualsenna

 

Ahora bien, aunque pediatras, farmacéuticos y padres agradecen que los medicamentos a administrar a estos exigentes pacientes parezcan «bombones o caramelos», hay que advertir que NO son tales y que su consumo puede entrañar serios peligros para los niños.

 

A título ejemplificativo se describen algunas consecuencias del consumo inadecuado de ciertos fármacos muy empleados en Pediatría.

1. Medicamentos que producen somnolencia:

Si bien los niños no «conducen ni manejan maquinaria peligrosa», realizan actividades en su vida cotidiana ciertamente arriesgadas que precisan mantener un estado de vigía adecuado. Los niños cruzan a menudo la calle solos en sus trayectos al colegio, suben y bajan escaleras, practican natación, juegan al aire libre a pelota, etc, en fin realizan una serie de actividades que pueden provocar serios accidentes (atropellos, fracturas por caída de escaleras, traumatismos craneales, etc) debido simplemente a «estar semidormidos» o somnolientos por culpa del consumo de algún medicamento. ¿Qué fármacos están implicados en este efecto secundario? Principalmente antitusivos (sobretodo los centrales u opiáceos), AINEs y antihistamínicos (tanto de primera como segunda generación, son todos ellos sedantes en los niños). Por otro lado hay que recordar que todavía es necesario utilizar alcohol como solvente de ciertos principios activos, de modo que a la toxicidad hepática para el niño habrá que añadir la excesiva somnolencia. ¿Cuántos casos de fracaso escolar no son sin embargo debidos a una somnolencia medicamentosa insospechada?

2. Riesgo de producir convulsiones:

Resulta conocido que la fiebre en la infancia puede ocasionar las temibles convulsiones febriles, que si bien en principio son inofensivas, mal tratadas pueden conllevar a convertir a un niño (en principio sano) en un adulto epiléptico. Aparte de la fiebre, ¿existe algún factor más desencadenante? SI: ciertos medicamentos, sobretodo los que contienen alcanfor y derivados terpénicos pueden provocar crisis comiciales en los niños. Es decir, los «inofensivos» medicamentos para el resfriado infantil son un importante factor de riesgo que pueden afectar tanto a niños sanos como vulnerables (por predisposición genética, enfermedades neurológicas de base).

3. Alergias a excipientes:

Ya hemos comentado que los niños son unos exigentes «gourmets» farmacéuticos: sólo toman los medicamentos que a ellos les agradan. Ahora bien, el lograr una buena adhesión al tratamiento en base a la inclusión de excipientes formulados al gusto de éstos, entraña el peligro de provocar alergias (sobretodo por ciertos colorantes). ¿Quién es el agente responsable: el principio activo o el excipiente? Es una cuestión difícil de responder, y habrá que atenerse a los antecedentes previos para no prohibir en lo sucesivo un principio activo que puede ser muy necesario para el futuro al niño.

4. Interacciones con alimentos:

Es conocido que la administración de medicamentos con la comida, a la vez que facilita el cumplimiento terapéutico, también permite enmascarar propiedades que no son del gusto de los niños. No siempre la combinación fármaco-alimento es un binomio pacífico.

-Por ejemplo, el consumo de zumo de pomelo puede aumentar las concentraciones plasmáticas de ciertos fármacos y con ello su toxicidad: es el caso de los macrólidos (y riesgo de arritmias cardíacas), las estatinas (con hepatoxocidad y dolor muscular), las benzodiazepinas (con el peligro de depresión neurológica y respiratoria) y ciertos antihistamínicos (sobretodo Astemizol y Terfenadina). El mecanismo por el que el pomelo produce este efecto es debido a la presencia en el mismo de ciertos bioflavonoides que inhiben al citrocomo p450 de la pared intestinal (impidiendo su metabolización).

-Por otra parte, como regla general los medicamentos deben administrarse con las comidas, y de hecho se mejora la absorción de Fenitoína o Carbamazepina (pues las grasas facilitan su absorción) o de Gabapentina (favorecido por una dieta proteica).

-No obstante, para ciertos macrólidos como la Azitromicina es aconsejable que se administre o bien una hora antes de la ingesta o bien dos horas después de la misma. En el caso de niños más pequeños hay que recordar que la leche es un importante quelante de hierro y calcio (por lo que debe evitarse su administración conjunta).

-Por último no hay que olvidar que las vitaminas liposolubles (A,D,E,K) deben administrarse después de las comidas y no antes, ya que precisan para su absorción del concurso de las sales biliares.

5. Intoxicación por Paracetamol:

Este fármaco sigue siendo altamente utilizado para el tratamiento de la fiebre infantil. Presenta como ventaja frente a los AINEs el que presenta una baja unión a proteínas plasmáticas (y pocas interacciones) y que su dosis antitérmica está bien definida (entre 40-60mg/Kg). No obstante, su principal inconveniente es que presenta un metabolismo hepático saturable: en el momento en que se agotan las reservas de glutatión (que neutralizan al metabolito tóxico) el hígado empieza a dañarse seriamente conllevando al peligrosísimo síndrome hepatorrenal a los 3-4 días. Debe sospecharse una intoxicación por paracetamol cuando el niño haya ingerido una dosis de 100mg/Kg, pues si bien en los primeros momentos la clínica es asintomática o muy leve (similar a un cuadro gripal) el daño hepático ya ha comenzado y es preciso actuar con rapidez. Es aquí donde el farmacéutico, como profesional cualificado de la salud, puede y debe actuar proporcionando el antídoto que puede salvar la vida del niño, esto es, la N-Acetilcisteína , administrándola dentro de las 10 primeras horas (hay que advertir que si se ha administrado este antídoto por vía oral no está indicado administrar a su vez carbón activo). Aunque parezca paradójico, resulta más grave (para una misma dosis en proporción al peso) una intoxicación en un niño mayor o en un adolescente (tan solo lo metaboliza a través del glutatión) que en un niño pequeño, pues éste posee otras vías metabólicas detoxificadoras.


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6. Sobredosis de A.A.S.:

Si bien en la edad pediátrica éste ha sido un fármaco en franca retirada (por su controvertida relación causal con el síndrome de Reye), no hay que olvidar que todavía los niños siguen consumiendo este medicamento (no hay que olvidar que muchos niños quedan al cuidado de sus abuelos, y éstos en ocasiones les administran «Aspirina como hacía con mis hijos cuando eran pequeños»). ¡Que no cunda el pánico! Es lícito y posible administrar este gran medicamento a un niño y ciertamente sigue funcionando muy bien. Como todo fármaco, puede ser tóxico, siendo su dosis peligrosa la de 100mg/Kg en una única toma. Aparte de presentar una elevada unión a proteínas plasmáticas y con ello múltiples interacciones, también posee un metabolismo saturable y con ello un peligro de intoxicación. Su clínica no es tan insidiosa como el caso del paracetamol, resultando más fácil reconocer una intoxicación por A.A.S.: hiperventilación, aumento de la temperatura corporal (que se confunde con un aumento de la fiebre), hasta trastornos neurológicos. Su tratamiento es simple: hidratar al niño y alcalinizar su orina (con bicarbonato por ejemplo).

7. Peligros del Ibuprofeno:

Es el tercer antipirético de la discordia junto con el Paracetamol y la A.A.S. No hay que olvidar que se trata de un AINE, y como tal, tributario de exhibir los mismos efectos secundarios que éstos: digestivos (dolor de estómago, hemorragias digestivas), bronquiales (broncoconstricción) y hematológicos (alteraciones de la coagulación). No obstante, con los años ha devenido el referente en el tratamiento de la fiebre infantil. ¿Es tan inocuo como parece? NO. A sus efectos secundarios, hay que añadir la importante nefrotoxicidad (tanto en niños como en adultos). Nunca debe administrarse Ibuprofeno a un niño más de tres días seguidos sin supervisión médica, advirtiendo a los padres de que acudan al pediatra cuando noten que el niño orina menos o presenta dolor lumbar. Al parecer el mecanismo por el que el Ibuprofeno lesiona el riñón es doble: tanto por disminución de las prostaglandinas renales como por daño renal directo. Existen sin embargo algunos factores de riesgo que favorecen la toxicidad, tales como la propia enfermedad de base, otros fármacos concomitantes y la deshidratación del paciente.

8. Autoconsumo de N-Acetilcisteína:

Si bien hay que recordar que el mejor mucolítico sigue siendo el agua, la NAC se emplea profusamente en nuestro medio como complemente de las infecciones de vías respiratorias altas. Pues bien, no se trata de un medicamento inocuo (a cualquier edad), y aparte de provocar náuseas, cefaleas o acúfenos, su principal peligro estriba en la posibilidad real y constatada en muchos pacientes de producir un broncoespasmo importante (mucho mayor en pacientes asmáticos), así como obstrucción respiratoria (al parecer presenta una acción directa sobre la mucosa respiratoria deprimiendo el movimiento ciliar).

9. Medicamentos que causan hipocrecimientos:

Es el caso del Metilfenidato, el Montelukast o los Corticoides. En el caso de Metilfenidato además debe recordarse el peligro de hepatotoxicidad, neurotoxicidad y alteraciones cardiovasculares, así como la posibilidad documentada recientemente de ideación suicida en pacientes jóvenes. Por su parte el antiasmático Montelukast también puede producir trastornos psiquiátricos.


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10. Fabricación de drogas de abuso:

Por último y para concluir este tema, ¿para qué puede querer un adolescente cierto tipo de medicamentos? Sencillamente, para fabricar drogas de diseño o darle otros usos más o menos ilícitos. El farmacéutico debe sospechar esta práctica cuando un paciente demande ciertos fármacos en dosis superiores a las esperadas y para aplicaciones claramente no terapéuticas directas. Según los datos del Colegio Oficial de Farmacéuticos del Barcelona, a través del «Observatori de Medicaments d’Abús», los principales principios activos empleados en esta singular actividad son:

-codeína: a dosis elevadas es empleada como alucinógeno

-metilfenidato: empleado como estimulante y también para inhibir el apetito

-alprazolam y benzodiacepinas: para «colocarse» y modular los efectos de las dorgas en fiestas y disminuir el síndrome de abstinencia de alcohol

-ketamina (un anestésico de uso veterinario): como alucinógeno

-cloruro de etilo (un anestésico tópico empleado por deportistas): como euforizante similar al alcohol

-misoprostol (un protector gástrico): como abortivo. Sobretodo chicas adolescentes inmigrantes lo demandan conociendo sus efectos abortivos, que si no llega a producir el efecto deseado conllevan a abortos incompletos y graves malformaciones

-piracetam (un nootropo): para síntesis de drogas de diseño

-pseudoefedrina: también para síntesis de nuevas drogas

En conclusión, los medicamentos destinados a la población infantil, a pesar de su buen sabor y otras propiedades organolépticas que los hacen aptos para esta exigente población, NO son caramelos que puedan dejarse al autoconsumo de los niños. La siempre vigilante actuación de los padres, pero sobretodo el consejo del profesional del farmacéutico evitarán muchos disgustos y mejorarán el empleo responsable de los medicamentos que tienen una finalidad clara: curar al niño. •

Dra Mª Asunción Peiré García

Médico. Farmacéutica.

Experta en Farmacología pediátrica.

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