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Mente Consejo farmacéutico | El impacto psicológico de la COVID-19 y la importancia de la atención psicológica de la población ante una pandemia

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Puig-Pérez, S.1,2, Aliño, M.1,3, Almela, M.1,4, Cano-López, I.1,5, Duque, A.1,6, García-Rubio, M. J.1,7, y Martínez, P.1,8

1 Grupo de Investigación en Psicología y Calidad de Vida. Universidad Internacional de Valencia (VIU).
2 Directora Académica del Área de Salud. VIU.
3 Directora del Máster Universitario en Neuropsicología Clínica. VIU.
4 Profesora adjunta del Grado en Psicología y del Máster Universitario en Neuropsicología Clínica. VIU.
5 Coordinadora del Máster Universitario en Neuropsicología Clínica. VIU.
6 Directora del Grado en Psicología. VIU.
7 Profesora adjunta del Grado en Psicología y del Máster Universitario en Neuropsicología Clínica. VIU.
8 Coordinadora del Grado en Psicología. VIU
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Alo largo de los últimos meses, ha sido necesario instaurar un conjunto de nuevos hábitos para proteger nuestra salud y la de las personas que nos rodean debido a la pandemia del coronavirus COVID-19. Confinamiento, distancia social e higiene recurrente son algunas de las nuevas conductas que todos hemos necesitado aprender durante este periodo. No obstante, junto a estos nuevos hábitos recomendados, y obligatorios en algunos casos por parte de las autoridades, las personas han experimentado miedo y ansiedad a enfermar o a que enfermen personas cercanas a ellas. El miedo, y la ansiedad asociada a este miedo, es una respuesta emocional adaptativa que trata de protegernos y prepararnos ante amenazas externas. De hecho, este miedo promueve el seguimiento de pautas y recomendaciones de las autoridades. No obstante, cuando las amenazas atentan contra nuestra supervivencia, y por tanto, implican un alto impacto emocional, se pueden generar importantes consecuencias en nuestra salud física y mental, a corto y largo plazo. Esto es debido a la respuesta psicofisiológica de adaptación que pone en marcha el organismo con el objetivo de mantener el equilibrio y afrontar de forma exitosa los retos a los que nos vemos sometidos (McEwen, 2006).

Han existido pocas situaciones en las que una gran parte de la población se ha visto expuesta a la misma amenaza; sin embargo, en estas escasas ocasiones diferentes científicos han comprobado el impacto psicológico que ha tenido sobre la población la aparición de un estímulo estresor de esta magnitud. El coronavirus que ha causado la pandemia actual forma parte de la familia de virus que tienen la capacidad de infectar a los humanos, de los cuales algunos se consideran causantes de entre el 15-30% del resfriado común (Mesel-Lemoine et al., 2012). No obstante, tres de ellos (MERS-CoV, SARS-CoV y SARS-CoV-2) han causado brotes epidémicos, siendo el SARS-CoV-2, o más conocido como COVID-19, el que mayor impacto ha generado hasta el momento.

En los meses inmediatos a la pandemia, los trastornos mentales más prevalentes son los clasificados según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, 5ª Edición o Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-5; American Psychiatric Association, 2013) como Trastornos Depresivos y Trastornos de Ansiedad. De hecho, se ha demostrado que situaciones de confinamiento social por brotes epidémicos previos conllevan consecuencias psicológicas importantes en los servicios de atención sanitaria a largo plazo (Brooks et al., 2020). En relación con estos datos, se ha observado que los profesionales de la salud suelen ser los más vulnerables; los porcentajes de trastornos presentes en los profesionales sanitarios de China evaluados en los meses de enero y febrero se sitúan en un 50,4% y 44,6% con sintomatología depresiva y ansiosa, respectivamente (Lai et al., 2020). No obstante, la población general también se ve afectada observándose efectos psicológicos a corto y largo plazo. Ya en los primeros meses de marzo y abril de 2020, un 33% de la población estadounidense mostró altos niveles de estrés psicológico durante la pandemia del COVID-19 (Twenge y Joiner, 2020). Entre las consecuencias a largo plazo, se ha observado que el propio confinamiento, junto con el miedo al contagio y la preocupación por la incertidumbre, se consideran factores estresores que pueden desembocar en problemas mentales crónicos (Pfefferbaum y North, 2020). De hecho, estudios previos han demostrado que situaciones similares a la provocada por el COVID-19 han causado un incremento en la aparición de un tipo específico de trastorno denominado Trastorno de Estrés Post-Traumático (TEPT); en concreto, en el anterior brote pandémico de SARS se observó que un 13.8% del personal sanitario del Hospital de Toronto mostraba TEPT entre 13 y 26 meses después del brote (Maunder, 2009). Por estos motivos, resulta de vital importancia focalizar los esfuerzos en analizar qué factores presentes en la situación circundante al COVID-19 contribuyen de forma importante en el desarrollo de alteraciones emocionales a largo plazo como el TEPT.

En el estudio desarrollado por el Grupo de Investigación de Psicología y Calidad de Vida (PsiCal) de la Universidad Internacional de Valencia se ha analizado el impacto psicológico, la sintomatología de TEPT, el estrés percibido y el miedo al contagio desde la declaración del estado de alarma hasta 7 semanas después. De forma específica, se contó con más de 1.200 participantes españoles que presentaron altos niveles de estrés percibido y sintomatología de TEPT, especialmente en el grupo de mujeres. El impacto psicológico fue grave en un 31.6% de los casos, lo cual implica un alto riesgo de desarrollo de trastornos psicológicos. Estos resultados están en consonancia con estudios previos que analizaron el impacto psicológico en personas sometidas a cuarentena durante el brote de SARS en 2003 (Sprang y Silman, 2013) y, además, concuerdan con el porcentaje de estrés psicológico observado en otros países (entre el 35-60%) durante la pandemia de COVID-19 (Jahanshahi et al., 2020; Qiu et al., 2020). Adicionalmente, se observó que el 22% de los participantes mostraban sintomatología depresiva grave y el 24% sintomatología ansiosa. Esta sintomatología se asoció con la presencia de pensamientos intrusivos recurrentes vinculados a la preocupación de la pandemia y éstos, a su vez, estaban relacionados con alteraciones en los patrones de sueño. Es decir, aquellas personas con mayores niveles de depresión y ansiedad durante la pandemia de COVID-19 pensaban con mayor frecuencia en temas relacionados con la pandemia, lo que a su vez los convierte en individuos más vulnerables al desarrollo de trastornos emocionales y/o del sueño.

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Entre las conclusiones más importantes del estudio desarrollado por el Grupo PsiCal de la Universidad Internacional de Valencia destaca que el miedo a infectarse es uno de los principales factores moduladores de la percepción de estrés y del impacto psicológico. En este sentido, es importante identificar de forma temprana a las personas que muestran este tipo de sintomatología, la cual pudiera estar relacionada con el TEPT, con el objetivo de poder derivarlas y atenderlas en el ámbito psicológico. De acuerdo al DSM-5 (American Psychiatric Association, 2013), tras la exposición a un evento traumático como la pandemia de COVID-19, es posible que las personas experimenten recuerdos, sueños o reacciones disociativas (por ejemplo, revivir momentos o escenas) angustiosas y recurrentes que estén relacionadas con la pandemia, o bien que presenten cierto malestar psicológico y/o físico, intenso o prolongado, cuyo foco es la pandemia. También pueden darse conductas de evitación hacia todo lo asociado con el suceso traumático, con el fin de eliminar de su memoria los recuerdos, pensamientos, lugares o personas, entre otros, que les recuerden a la pandemia (American Psychiatric Association, 2013). En ocasiones, una situación tan excepcional como la del COVID-19 también puede dar lugar a alteraciones cognitivas o del estado de ánimo. Entre ellas, destacan la incapacidad para recordar aspectos relacionados con el suceso traumático, la sensación de no experimentar emociones positivas como la felicidad, o bien los pensamientos catastrofistas y las emociones propias de un estado de ánimo negativo (tristeza, enfado, terror, etc.) persistentes relacionados con la pandemia. Además, puede aparecer la pérdida de interés en actividades que resultaban motivadoras o agradables antes del suceso traumático, así como desapego o distanciamiento con amistades y/o familiares.

Finalmente, se ha demostrado que las personas más afectadas presentan una alteración de su estado de alerta, mostrándose irritables o con arrebatos de furia, comportamiento imprudente o autodestructivo, con problemas de concentración, problemas de sueño, hipervigilancia y respuestas de sobresalto exageradas. La preocupación ante estas sensaciones reside, por un lado, en que pueden prolongarse en el tiempo hasta volverse crónicas y, por otro, en que interfieren de manera significativa en el día a día de la persona, afectando a su actividad laboral, personal y/o social.

Actualmente, se estima que los trastornos mentales cuestan 46.000 millones de euros en España. Estudios previos realizados en otros países sobre esta u otras epidemias señalan que la situación generada por el confinamiento se asocia con un incremento sustancial del malestar psicológico en la población (Brooks et al., 2020). Es por ello que los profesionales de la psicología han manifestado, una vez más, su apoyo a la presencia de una atención psicológica en atención primaria, necesidad que se ha visto claramente identificada y atendida urgentemente durante la pandemia. Efectivamente, el COVID-19, considerado un acontecimiento de magnitud inesperada y que se ha extendido de forma brutalmente rápida, ha demandado la puesta en marcha de medidas extraordinarias en nuestra sociedad (Duque y Martínez, 2020). En relación con la calidad de vida de la población, es necesario reducir el impacto psicológico inicial y el posible desarrollo de trastornos psicológicos a largo plazo. Para ello, es fundamental una detección y atención psicológica temprana y eficaz, lo que requiere de un mayor número de profesionales altamente cualificados en salud mental dentro de nuestro sistema sanitario.

Bibliografía

  • American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5. ed). Madrid: Editorial Médica Panamericana.
  • Brooks, S.K., Webster, R.K., Smith, L.E., Woodland, L., Wessely, S., Greenberg, N., et al. (2020). The psychological impact of quarantine and how to reduce it: rapid review of the evidence. The Lancet. 395, 912-920.
  • Duque, A., & Martínez, P. (2020). Convivir con la amenaza del COVID-19. Acta Sanitaria. Recuperado de https://www.actasanitaria.com/convivir-amenaza-covid-19/
  • Jahanshahi, A. A., Dinani, M. M., Madavani, A. N., Li, J., & Zhang, S. X. (2020). The distress of Iranian adults during the Covid-19 pandemic–More distressed than the Chinese and with different predictors. Brain, behavior, and immunity.
  • Lai, J., Ma, S., Wang, Y., Cai, Z., Hu, J., Wei, N., et al. (2020). Factors associated with mental health outcomes among health care workers exposed to coronavirus disease 2019. JAMA network open, 3(3), e203976-e203976.
  • Maunder, R. G. (2009). Was SARS a mental health catastrophe?. General hospital psychiatry, 31(4), 316.
  • McEwen, B. S. (2006). Protective and damaging effects of stress mediators: central role of the brain. Dialogues in clinical neuroscience, 8(4), 367.
  • Mesel-Lemoine, M., Millet, J., Vidalain, P. O., Law, H., Vabret, A., Lorin, V., et al. (2012). A human coronavirus responsible for the common cold massively kills dendritic cells but not monocytes. Journal of virology, 86(14), 7577-7587.
    Pfefferbaum, B., & North, C.S. (2020). Mental Health and the Covid-19 Pandemic. The
  • New England Journal of Medicine. Recuperado de https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMp2008017
  • Qiu, J., Shen, B., Zhao, M., Wang, Z., Xie, B., & Xu, Y. (2020). A nationwide survey of psychological distress among Chinese people in the COVID-19 epidemic: implications and policy recommendations. General psychiatry, 33(2).
  • Sprang, G., & Silman, M. (2013). Posttraumatic stress disorder in parents and youth after health-related disasters. Disaster medicine and public health preparedness, 7(1), 105-110.
    Twenge, J., & Joiner, T. (2020). Mental distress among US adults during the COVID-19 pandemic. PsyArchiv Preprints.

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