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Carlota Soler Arístegui. Farmacéutica

Las infecciones por hongos provocan un amplio número de consultas en la farmacia. El objetivo de este artículo es informar y recomendar las pautas de los tratamientos más habituales del vademécum, siendo el pediatra el responsable del diagnóstico y terapia de este amplio y heterogéneo foco de inquietud para los padres y las madres que acuden a nosotros en busca de consejo. Nuestro objetivo es describir unos consejos básicos para contribuir eficazmente a disminuir el importante número de casos.

Generalidades

Los hongos a los que nos vamos a referir en este artículo son los que conviven con los niños, un grupo de microorganismos eucariotas que carecen de clorofila, por lo que no pueden sintetizar sus propios nutrientes, lo que les obliga a vivir como parásitos o como saprófitos.

Por su hábitat, estos hongos o dermatofitos se pueden diferenciar en:

  • Dermatofitos zoófilos (habitan en animales, incluyendo los de compañía)
  • Dermatofitos geófilos (habitan en el suelo)
  • Dermatofitos antropófilos (habitan en el ser humano)

Esta clasificación nos puede ayudar a detectar el foco de infección y prevenir las posibles recurrencias de las micosis, ya que la forma de transmisión puede ir asociada al contacto con animales (tanto del medio rural como mascotas, ya sean propias o que compartan espacios como parques y jardines), así como la asistencia a los centros deportivos, siendo ambos el origen de contagios frecuentes. Debido a los cambios sociales y culturales, así como a las migraciones, se ha de contemplar la existencia de otros dermatofitos que hasta ahora no se habían encontrado en los cultivos ordinarios.

Así pues, los hongos capaces de causar micosis en el niño son en su mayoría saprófitos del humano, capaces de convivir de forma permanente con las personas sin provocar patología alguna, pero en determinadas circunstancias pueden desencadenar procesos infecciosos.

Dichas infecciones se pueden clasificar de diversas maneras. Elegiremos según el área del cuerpo afectada:

  • SUPERFICIALES: Los hongos invaden solamente la superficie, afectando a piel y mucosas. En función de la especie de dermatofito implicado y de las condiciones del organismo, la patología y el tiempo de erradicación tendrá más o menos impacto para el niño. Ver tabla I.
  • PROFUNDAS o SISTÉMICAS: La invasión afecta a los órganos internos. Se trata de hongos que se propagan por lo general por vía sanguínea o linfática. Son infecciones graves que pueden comprometer la vida del paciente. Este tipo de infecciones no son objeto del artículo pues requieren de tratamientos más específicos.
    Vamos a describir los tratamientos y las “recomendaciones de mostrador” de las micosis superficiales con tratamiento tópicos, ya que son muy importantes a la vez que poco consideradas, pues existe la falsa impresión de que constituyen un problema menor.
    Las micosis superficiales, adquiridas por contacto directo o indirecto con un animal o una persona infectada, son las más habituales en la infancia. Se localizan en la epidermis, el pelo, las uñas y las mucosas (de la boca, la nariz, la faringe, los genitales externos y la región anal).
    Los patógenos más habituales en el niño inmunocompetente son las levaduras (Cándida y Malasezzia) y los dermatofitos. (Tabla I).

Desarrollo de las infecciones fúngicas superficiales

La etiología de las infecciones varía con la edad. Este esquema no es excluyente pero muestra las infecciones más frecuentes en función de la edad del paciente. (Dibujo 1).

Tratamiento

La mayoría de los patógenos causantes de las infecciones por hongos y levaduras en niños y adolescentes no inmunodeprimidos, generalmente se pueden tratar por vía tópica.
Los antifúngicos tópicos están indicados cuando hay afectación exclusiva de la epidermis. La absorción sistémica del tratamiento tópico es muy escasa y generalmente es bien tolerado, aunque puede producir irritación local o urticaria.

El tratamiento sistémico, por vía oral, está indicado en infecciones más profundas, con afectación de la dermis, los folículos pilosos, el pelo terminal, las uñas, o cuando hay afectación de palmas y plantas. También está indicado en infecciones superficiales extensas, refractarias al tratamiento tópico o recidivantes y en inmunodeprimidos. Suelen ser tratamientos prolongados, con el consecuente riesgo de efectos adversos y mal cumplimiento.

A continuación se incluyen las tablas basadas en el consenso de la SEPEAP (Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria) donde se exponen los tratamientos tópicos empíricos de primera elección. (Tabla II, Tabla III, Tabla IV, Tabla V).

En general los azoles más usados y en los que más experiencia hay son clotrimazol, miconazol, ketoconazol y la terbinafina. El clotrimazol es uno de los pocos antifúngicos tópicos estudiados en niños.

Existen otros imidazoles comercializados en nuestro país: bifonazol, oxiconazol, fenticonazol, flutrimazol, sertaconazol y tioconazol, pero con pocos estudios de eficacia y seguridad en niños pequeños, por lo que su uso se recomienda en general en mayores de 12 años.

Medidas preventivas según la localización de la infección

Medidas generales

  • No compartir objetos que puedan estar contaminados como gorros, ropa de cama, cortaúñas y calzado.
  • Tras el baño o la ducha del niño, mantener las zonas de pliegue de la piel seca y aireada, evitando la humedad.

Tiña del pie

  • No caminar descalzo por baños y duchas de uso público.
  • Llevar calzado no cerrado y calcetines de fibras naturales, evitando prendas oclusivas o poco transpirables.
  • Completar al menos una semana de tratamiento antes de acudir a piscina y, en ese caso, uso de protecciones durante el proceso activo (calcetín de goma, zapatillas, etc.).
  • En lesiones con mucho componente inflamatorio se puede valorar añadir tratamiento corticoide tópico durante no más de 2 semanas.

Tiña de la cabeza

  • Eliminar o limpiar los objetos contaminados (peines, ropa de cama, etc.).
  • No compartir sombreros, gorros, peines, toallas o ropa de cama hasta 14 días de tratamiento.
  • No se recomienda el rapado rutinario de la cabeza, pues es altamente estigmatizante y sin beneficio en el tratamiento ni prevención de la enfermedad, aunque en lesiones inflamatorias se puede valorar el corte de pelo en las zonas periféricas para facilitar las curas locales.

Onicomicosis

  • Aunque en adultos tiene buen resultado la terapia con láser, no existe experiencia en niños, por lo que no se recomienda en momento actual.
  • En las onicomicosis es importante mantener las uñas cortas y limpias, utilizando cortaúñas diferentes para las uñas sanas y las infectadas.

Conclusión

Con gran precaución por nuestra parte, en la farmacia podemos colaborar para que el tratamiento se lleve a término según las indicaciones del pediatra.

Si la infección es por dermatofitos zoófilos, los niños pueden volver a su rutina una vez iniciado el tratamiento. Si es posible, también debería tratarse el animal para evitar recidivas.

Los dermatofitos antropófilos son más contagiosos, por lo que los pacientes deben permanecer aislados en su domicilio hasta que se complete una semana de tratamiento. Además, durante al menos 14 días no deben compartir utensilios de aseo, gorros ni ropa de cama.

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