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Dra. Gloria Abad. Dermatóloga

Antigua y erróneamente llamada “acné rosácea”, esta patología vascular-inflamatoria infecciosa compromete la región centrofacial y ocular sin  producir oclusión folicular, lo que la distingue del acné.

Existen varios factores predisponentes que provocan esta enfermedad: genéticos (tendencia a la labilidad vasomotora también llamada hiperreactividad vascular); ambientales, tales como cambios bruscos de temperatura por clima u ocupación, bebidas calientes o comidas picantes, alcohol (por su poder vasodilatador) o medicamentos (siendo los corticoides  los más relacionados); y emocionales, ya que el  estrés y la angustia son desencadenantes habituales.

Con respecto a sus características generales, la rosácea está descrita más frecuentemente en pieles claras, pero en la práctica se observa en todos los fototipos de piel. Además, es predominante entre los 30 y 50 años, aunque en mujeres prevalece la rosácea eritemato papulosa con cuperosis mientras que en los hombres lo hacen las formas fimatosas.

Causas y mecanismos de desarrollo de la rosácea

La etiopatogenia de esta enfermedad presenta un perfil multifactorial, aunque está claramente relacionada con una hiperreactividad vascular genética. Con todo, se desconocen los mecanismos por los cuales acaba produciendo lesiones inflamatorias, pero al parecer la inmunidad innata y los agentes infecciosos tendrían un papel importante. Entre ellos, el Demodex folliculorum es el microorganismo más estudiado. Se trata de un parásito que vive en la luz de los folículos pilosebáceos y se detecta en mayor cantidad en los pacientes con rosácea que en los individuos sanos.

Formas clínicas de la rosácea

Las varias tipologías de rosácea son a menudo secuenciales, pasando de una menor a una mayor gravedad con el tiempo y por diferentes desencadenantes:

  • Rosácea vascular. También llamada eritematotelangiectásica, es la fase más temprana de la enfermedad, con rubefacción centrofacial recurrente (flushing) ycon brotes cada vez más frecuentes y duraderos hasta instalarse permanentemente con producción de telangiectasias (cuperosis). Se  acompaña de edema facial y síntomas como ardor, picor e irritación al aplicar cosméticos.
  • Rosácea pápulo pustulosa. Se caracteriza por la aparición de pápulas eritematosas  y pústulas hasta nódulos sin comedones que se asientan en las zonas del eritema previo, las áreas salientes de la cara (mejillas, nariz y frente). Cuando las lesiones papulosas son marrones monomorfas se denomina “rosácea granulomatosa”.
  • Rosácea fimatosa. Las zonas previamente afectadas se tornan nodulares, irregulares e hipertróficas con orificios foliculares abiertos. Las zonas más afectadas son la nariz (rinofima), mentón (gnatofima) y frente (metofima) u orejas (otofima). Es más frecuentes entre los hombres.
  • Rosácea ocular. Comprende desde eritema ocular hastaa blefaritis, conjuntivitis y episcleritis. La queratitis rosácea es infrecuente pero grave, ya que puede derivar en  úlcera de córnea.
  • Rosácea por corticoides. No constituye una forma clínica diferenciada, pero por  su frecuencia en la práctica clínica es necesario mencionarla. Se desarrolla tras el uso indiscriminado de corticoides tópicos aplicados por el paciente (automedicación), iatrogénico (mal diagnóstico de dermatitis seborreica o atópica) o toma de corticoides sistémicos. En este caso, con la anamnesis se da claramente con el diagnóstico y el tratamiento, que es el mismo que la rosácea.

Diagnóstico de la rosácea

La rosácea es una entidad en la que la inspección de un ojo entrenado y la anamnesis suelen ser suficientes para el diagnóstico y la investigación de la posible causa de la enfermedad o del brote. Asimismo, es recomendable realizar dos pruebas de gran utilidad en la práctica clínica:

  • Un análisis de sangre para evaluar la función tiroidea (se ha asociado la rosácea al hipotiroidismo) así como un hemograma para detectar la presencia de anemia, los niveles de glucemia (debido a la asociación frecuente de la patología con la diabetes), la función hepática, etc.
  • Una prueba de aliento para revelar la posible presencia de Helicobacter Pylori. Esta prueba tiene más importancia de lo que se pensaba, ya que existe una relación directa entre la aparición brusca de la rosácea y la presencia de este microorganismo. Si el resultado es positivo, es necesario empezar el tratamiento correspondiente o derivar al paciente a una especialista gastroenterológico.

Tratamiento de la rosácea

Es importante evaluar el tipo de rosácea que presente el paciente, así como su tipo de piel (frágil, blanca, seca, sensible o bien grasa, gruesa o morena) con el fin de prescribir los medicamentos adecuados.

Tratamientos tópicos. Se dan en rosáceas eritematosas o con papulo-pústulas de leves a moderadas  y consisten en:

  • Metronidazol 0,75-1%.
  • Ivermectina.
  • Ácido azelaico. Más empleado en Norteamérica, es útil para la coexistencia rosácea-acné, aunque no todos los pacientes lo toleran.
  • Pimecrolimus. Útil para calmar la inflamación y el edema.
  • Más allá de principios activos prescritos en brotes, se disponen de cremas comerciales cosméticas anti-rojeces con las que el paciente puede cuidar su piel entre brotes.

Tratamientos sistémicos. Están indicados en brotes de rosáceas papulo-pustulosas y nodulares.

  • Tetraciclinas 500 mg cada 12 horas.
  • Minociclina-doxiciclina. Son la dupla más utilizada a 100 mg al día o bien dosis  “sub antibióticas” de 40-50 mg al día por períodos prolongados (45- 90 días).
  • Metronidazol 500 mg. Se utiliza en alérgicos a tetraciclinas.
  • Isotretinoina. Para formas rebeldes y continuas de rosácea, con predominio de pieles gruesas y grasas e hipertrofia glandular.

Tratamientos estéticos. Suelen ser de gran utilidad para eliminar telangiectasias persistentes y defectos estéticos tales como los “fimas”.

  • Láser vascular. Disminuye el eritema y las arañas vasculares.
  • Cirugía (vs cirugía más láser) para rinofimas.
  • Electrocoagulación bajo anestesia para fimas (utilizados en países donde no es posible emplear el  láser).

Formulación en rosácea

En ninguna otra afección de piel parece ser tan útil la formulación magistral como en esta patología, ya que nos enfrentamos a verdaderos desafíos terapéuticos como la coexistencia con el acné o con base de dermatitis seborreica o variabilidad de piel base (fototipos, pieles fragilizadas, edad avanzada, etc.)

Entre los principios activos diferentes a los ya nombrados, encontramos:

  • Brimonidina tartrato al 0,5%. Es un antagonista alfa 2 adrenérgico. Se añade a las fórmulas para disminuir el eritema.
  • Oximetazolina hidrocloruro al 1%. Agonista alfa 1 adrenérgico, también actúa en eritema y es estable en formulación.
  • Ácido tranexámico al 10%. En compresas húmedas durante 20 minutos y durante 4-6 semanas disminuye el eritema y la sensación de quemazón (especialmente en rosáceas corticoideas).
  • Minociclina 1- 3% en gel acuoso. Se utiliza en rosáceas pustulosas.
  • Permetrina 2,5-5%. Se emplea como acaricida.
  • Benzoato de bencilo 12-20%.

Por otro lado, también existen bases aptas y excipientes calmantes para formulación en rosácea:

  • Gel acuoso, crema gel.
  • Base glucídica.
  • Agua de rosas, aloe vera, ácido hialurónico, extracto de avena.
  • Sorbitol, sulfato de zinc.
  • Aceite de árbol de té.

Finalmente, cabe mencionar la posibilidad de utilizar combinaciones para asociar a rosácea:

  • Metronidazol – eritromicina o clindamicina (acné).
  • Ivermectina – clindamicina – ácido retinoico (acné).
  • Metronidazol – tacrolimus vs. hidrocortisona (dermatitis).
  • Metronidazol – ketoconazol (dermatitis seborreica).

¿Cómo cuido mi piel? Consejos generales para el paciente con rosácea

Higiene

Usar agua micelar preferentementepara evitar irritar la piel por las diferencias de temperatura y la composición del agua y el frotamiento con la toalla. Si el paciente prefiere jabón, es preferible usar uno con PH neutro y tensioactivos suaves, y secar con toques leves.

Hidratantes y cosméticos

Evitar los que contengan alfa hidroxiácidos, alcohol o sean muy perfumados. El maquillaje preferiblemente debe contener tintes verdosos para camuflar el eritema. Es aconsejable advertir sobre todo a pacientes jóvenes de no someterse a limpiezas de cutis (ni caseras ni en cabina), así como evitar peelings químicos, ya que no   son bien tolerados por las pieles fragilizadas. Usar protección solar todo el año, con mayor frecuencia de aplicación en primavera y verano, y con factor entre 30-50 si es un fototipo claro.

Alimentación

Advertir al paciente que con el consumo de bebidas alcohólicas notará un flushing casi inmediato, por lo que deberá evitarlo si es posible. Indicar también que no es aconsejable tomar alimentos demasiado calientes o picantes, ya que todo lo que haga subir el calor del estómago hacia la boca le empeorará.

Hábitos

Con el fin de evitar un cambio brusco de temperaturas, que puede ser un desencadenante natural de la labilidad vasomotora, se aconseja:

  • Evitar las duchas calientes y prolongadas.
  • Evitar exponerse a saunas y jacuzzis.
  • Evitar las fuentes directas de calor como estufas, hornos o fuego directo.
  • Vestirse con prendas que le sean fáciles de quitar para no acalorarse.
  • Intentar sentarse cerca de puertas y ventanas y lo más lejos posible de fuentes de  calor.

Connotación emocional

Por último, pero no menos importante, es necesario mencionar que la rosácea estigmatiza a los que la padecen de tal forma que algunos pacientes que la padecen prefieren evitar la exposición pública por pánico a ponerse “rojos”, a ser juzgados por parte de los demás o incluso a ser objetivo de posibles burlas (sobre todo en el caso de adolescentes). En este sentido, el profesional de farmacia ha de empatizar con ellos, aunque la manifestación clínica no sea grave, y poner todos los medios a su disposición para escucharlos, entenderlos y acompañarlos en la vivencia de dicha patología.

Bibliografía

  • Bielsa Marsol. I. (2019) Rosácea en: Ferrándiz Dermatología Clínica. 5º Ed Barcelona, España Editorial Elsevier.
  • Salleras i Redomet. M, Llambí Mateos. F. (2021) Formulación en rosácea en:  La Formulación Magistral en la Dermatología actual. 3º Ed. Madrid España Editorial Aula Médica.
  • Grimalt R, y Col. (2017) Rosácea en: Apuntes de Dermatologia. Toledo, España. Editorial Aula Médica.

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