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Formulación Magistral | José Giral, Ministro de Marina de la II República promueve la aplicación de la ley por la que los medicamentos sólo se pueden dispensar en las farmacias.

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Puntualsenna

Hace dos mil años la medicina, la cirugía y la farmacia eran ejercidas de modo conjunto por personas instruidas- los llamados sanadores- siguiendo las doctrinas clásicas de Hipócrates y Galeno. Eran tiempos donde la curación se basaba en la Teoría de los Humores, con variables de temperamento y estado que originaban multitud de remedios a base de plantas.

En 1240 tuvo lugar el hecho más relevante para la farmacia tal y como la conocemos hoy en día. El Emperador Federico II promulgó las Ordenanzas Medicinales del Reino de las Dos Sicilias por las que se prohibió a los farmacéuticos el ejercicio de la medicina y la cirugía y a los médicos la preparación de medicamentos, pues se consideraba imposible que una persona pudiera abarcar en una vida las dos ramas científicas y, además, se protegía a los pacientes de posibles abusos.

Esta separación entre médicos y boticarios se extiende por toda Europa excepto en las islas británicas (y más tarde en sus colonias americanas) de ahí la actual diferencia de ejercicio profesional entre la farmacia anglosajona y la farmacia de los países mediterráneos. En estos países mediterráneos la farmacia pasa a ser ejercida por hábiles artesanos y mercaderes agrupados en gremios de yerberos, especieros y boticarios.

A mediados del Siglo XVI, cuando Paracelso cambió la forma de practicar la medicina, la separación entre médicos y boticarios era ya un hecho. En esa época la preparación de medicamento es fundamentalmente por Magisterio: fórmula magistral de preparación por el maestro siguiendo el secreto arte farmacéutico – secundum artem- transmitido por el boticario a su discípulo durante años de práctica.

Si nos centramos en España veremos que por aquel entonces comienza la preparación de Formularios, el Real Tribunal del Protomedicato otorga la que es considerada primera patente sanitaria al Aceite de Aparicio (preparado por el boticario Aparicio de Zubía) y las inspecciones de las farmacias comienzan a ejercerse por los propios boticarios con la presencia de un médico y un cirujano que actuaban como testigos. Esta forma de inspección estuvo vigente hasta finales del mismo siglo.

El Siglo XVII trajo la declaración de Arte Científico a la farmacia, dejando de ser gremio menor aunque el boticario no podrá acceder a la nobleza al no quedar clara la limpieza de su oficio por ser  manual así mismo destacamos que en España aún coleaban las prácticas galenistas en medicina como la purgas y sangrías que tanto debilitaban aunque,  con el tiempo, la agresiva polifarmacia galenista, y debido precisamente a su ineficacia, se abandona definitivamente y comienzan a aparecer los monofármacos basados en el saber de Paracelso, olvidando de una vez la extensas mezclas de plantas.

El ejercicio de la farmacia continúa y se introduce la química en el medicamento; comienzan a usarse sustancias minerales como Creta alba (carbonato cálcico), Nitrum purificatum (Nitrato potásico), Sal ammoniacum (Sal de amoníaco) y Tucia (öxido de zinc),  todo ello preparado en alambiques, morteros, baños, crisoles, filtros, embudos, matraces, prensas, pildoreros, albarelos y, como no, pesas y medidas.11313012

Del siglo XVIII destacamos que en 1766 el Real Colegio de Boticarios sale en defensa de su función profesional y consigue prohibir la venta en los herbolarios de purgantes drásticos y abortivos como coloquintida, el turbit y la sabina entre otros, Parece que son años favorables para la farmacia española puesto que Carlos IV en 1799 creará la Junta Superior Gubernativa de Farmacia con intereses muy favorables para la profesión.

El siglo siguiente, el XIX, el Colegio de San Fernando de Madrid comienza a impartir docencia, saliendo del mismo los primeros Licenciados en Farmacia y Bachilleres en Química, que son los primeros títulos oficiales de Química en España. Pocos años después Fernando VII otorga a la clase farmacéutica el Privilegio de Facultad Científica y se abre una suscripción popular entre todos los farmacéuticos para costear un edificio que albergue dignamente la Escuela de San Fernando. En una acción sin precedentes los farmacéuticos costean su propia Universidad, inaugurada en 1830.

En 1855 aparece la Ley General de Sanidad por la que «sólo los farmacéuticos autorizados podrán expender en sus boticas medicamentos simples o compuestos no pudiendo hacerlo sin receta de facultativo de aquellos que por su naturaleza lo exijan».

Se prohíben la venta de los medicamentos secretos aunque todo esto no se cumplirá hasta 100 años después. En 1860 se publican la Ordenanzas de Farmacia, tal vez la mejor de las Leyes que hemos tenido en la farmacia pues muchos de sus artículos continúan vigentes hoy en día. Todo parecía ir bien hasta que un decreto de 1894 autoriza la venta de aguas medicinales y medicamentos específicos fuera de las farmacias en «depósitos autorizados». La consiguiente protesta de los boticarios se saldó con bajadas de sueldo y más impuestos.

Nos plantamos en el siglo XX con la fórmula magistral como protagonista, el Reglamento de Elaboración y Venta permitía a un farmacéutico con farmacia-laboratorio vender medicamentos «específicos» de composición secreta al por menor al público y al por mayor a los demás farmacéuticos. El intrusismo se va adueñando de la venta de medicamentos por personas ajenas a la profesión. Todo el mundo era capaz de elaborar un fármaco y venderlo y así dentistas, oculistas, médicos y drogueros curaban multitud de enfermedades con fármacos de su invención a los que no les faltaba la oportuna y agresiva publicidad.

Se considera el principio de Siglo XX la época más desvalida, decadente y desmoralizada de la profesión, con indefinición de identidad y competencias y poco contrapeso por parte de Facultades, Academias y Colegios profesionales.

Aparecen los fármacos específicos extranjeros y la profesión se divide entre los ortodoxos que repudian los fármacos específicos y los que no. De esta lucha salieron beneficiados los drogueros que empezaron a vender específicos basándose en que las farmacias no querían venderlos.

El comienzo del siglo XX fue la época de los específicos de fórmula secreta, sin registro sanitario, sin ningún control, con publicidad rayana en la charlatanería y con gran escándalo de los farmacéuticos ante tal «invasión».

El específico da paso a la Especialidad farmacéutica a partir de la publicación del Reglamento de fabricación y Venta en la legislación de 1919, aunque este avance se verá entorpecido cuando Primo de Rivera en 1923 autoriza la venta de medicamentos en droguerías y otros establecimientos provocando otra vez el total desbarajuste. De nuevo cada cual vende lo que quiere.

Esta situación se mantuvo hasta que el farmacéutico José Giral, Ministro de Marina de la II República promueve la aplicación de la ley por la que los medicamentos sólo se pueden dispensar en las farmacias.

En 1941 se aprueban las disposiciones reguladoras para la apertura de farmacia que promueven la apertura en pueblos ya que el continuo traslado a la capital está dejando demasiadas poblaciones sin farmacia y todo ello ocurre con el gran auge de los laboratorios farmacéuticos que comienzan a elaborar Especialidades una vez acaba la guerra civil.

Quizás sea ahora el momento de reflexionar, el momento de analizar errores del pasado para no repetirlos, el momento de pensar que el derrotismo e inmovilismo nunca fueron buena mezcla. •

Martín Muñoz Méndez

Presidente de la Asociación Española de Farmacéuticos Formulistas

 

 

 

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