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Para quien les escribe, un estudio que analice por qué estamos dispuestos a cumplir profesionalmente a pérdidas en estas situaciones resultaría muy interesante. Pienso que se puede deber a motivos diversos. Desde una vocación sanitaria que aún percibo muy superior a la empresarial, y que considero que ha podido prevalecer gracias a nuestro modelo de Farmacia, hasta un peaje no pactado que pagamos para que subsista este modelo que, aunque cada vez con mayor dificultad, nos permite priorizar la calidad del servicio. Pasando por una extraña resignación ante la creencia de que el boticario gana más de lo que la realidad depara, o por estrategias para fidelizar clientes. Seguramente sea consecuencia de una mezcla de estos y otros factores.

Causas aparte, dichos servicios son múltiples: los servicios de guardias, el seguimiento farmacoterapéutico, muchos otros que a cualquiera de los que lean estas líneas les vendrán a la cabeza… y la Formulación Magistral. Es cierto que algo sí cobramos por la elaboración de medicamentos individualizados. Pero si nos sentamos con papel, bolígrafo y calculadora, o con hoja de cálculo y teclado, prácticamente todos los que nos dedicamos a ello sabemos que los números no salen.

En la inmensa mayoría de los casos no se formula como medio de ganarse el sustento, pues desgraciadamente no se cobra conforme al tiempo y la inversión que implica. Se formula por una suma de vocación farmacéutica, de afán por ofrecer de primera mano un buen servicio personalizado a la sociedad a través de nuestros pacientes, y de sentir que desarrollamos aquello para lo que hemos sido formados y que nos distingue completamente de cualquier otro profesional sanitario. Y ello, a pesar de la responsabilidad que supone la elaboración de un medicamento.

Yo, y también muchos de ustedes, hemos elaborado o elaboramos a pérdidas medicamentos individualizados. Y por las causas expuestas en el párrafo anterior lo seguiríamos haciendo. Pero esta actitud nuestra no justifica una retribución que no llega para cubrir gastos. Máxime en una actividad que cada vez con mayor frecuencia está sacando las castañas del fuego al Sistema de Salud, y bien está que lo haga porque por algo es uno de sus recursos ante los crecientes problemas de suministro de medicamentos y de retiradas de Especialidades por razones no sanitarias sino de rentabilidad.

Afortunadamente, alguna administración ha mostrado algo de sensibilidad ante esta situación y ha aplicado un incremento de los honorarios muy superior al IPC, pues los costes se dispararon cuando hubo que adaptarse a las normativas que exigían mayor calidad (RD 175/2001) y en su momento nadie pareció reparar en ello. Aunque aún en la mayoría de las administraciones, bajo el amparo de una liquidez limitada pero sin pararse a mirar qué importe supone, esa sensibilidad ni se ve ni parece que se espere.

Creo que no debemos conformarnos. En todas las Comunidades falta mucho para alcanzar una remuneración siquiera digna de esta actividad profesional socialmente tan importante, delicada, y que no puede desempeñar cualquiera. Modestia aparte, ojalá con el buen hacer profesional que demostramos logremos convencer de la necesidad de acercarnos a este objetivo. •

 

José Antonio Sánchez-Brunete Santos
Farmacéutico. Miembro de la Junta de AEFF

 

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