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El dolor es un síntoma que produce desde una ligera incomodidad al que lo sufre hasta un malestar tan grande que afecta absolutamente a todo en su vida diaria. Dado que es un síntoma, éste se percibe con diferente intensidad en cada persona. Por lo tanto, se precisa medir de alguna manera la intensidad del dolor con el fin de observar la eficacia de los diversos medicamentos o intervenciones.

 

Para su medida, habitualmente se ha utilizado sólo una dimensión, su intensidad. Sin embargo, el dolor es un fenómeno subjetivo y que afecta diferentes dimensiones en la persona que lo padece. En base a ello, cuando se mida el dolor, se deberán tener en cuenta varias dimensiones con el fin de evaluar en qué medida afecta a cada una de ellas, así como observar cómo varía en cada dimensión, la aplicación de cualquier medida terapéutica.

Las principales dimensiones que engloba el dolor son: sensorial (evaluando intensidad), fisiológica (referida a localización, inicio, duración, etc.), afectiva (en lo que se relaciona con la depresión, ansiedad, etc.), cognitiva (asociada con opiniones o pensamientos relacionados) y sociocultural (relacionados con la cultura particular de cada persona).

La forma más sencilla de medir el dolor es mediante la EVA o escala visual analógica, que consiste en una línea con dos extremos, en donde uno se corresponde con la ausencia del dolor y el otro con el máximo dolor imaginable; entre estos dos puntos se encuentran divisiones en milímetros. Al paciente se le indicará que marque su situación actual mediante un punto en dicha escala. Para medir otras dimensiones, como la localización, se pueden utilizar mapas de dolor, en donde el paciente sitúa sobre una figura humana, el punto o zona en donde siente el dolor.

Asimismo, se pueden medir varias dimensiones de forma simultánea. El cuestionario de dolor de McGill es un ejemplo de medición de las dimensiones sensitivas, emocionales y de intensidad del dolor. En la primera dimensión, se realizan preguntas acerca del tipo de dolor (punzante, corrosivo, quemante, suave, insoportable, etc.) indicando un nivel en cada uno de ellos (ninguno, medio, moderado o grave). En la segunda –emocional- se analiza el sentimiento surgido hacia él, igualmente con las cuatro posibilidades de respuesta. Respecto de la relativa a la intensidad, su aplicación es similar a la EVA mencionada anteriormente. Se asigna un valor a cada respuesta de cada dimensión estudiada, integrando finalmente el total de puntos obtenidos para correlacionarlos con la percepción del dolor en ese paciente.

Otro instrumento muy válido para la medición del dolor, que evalúa varias dimensiones, consiste en el WOMAC, desarrollado por las Universidades canadienses de McMaster y de Ontario, que presenta 24 ítems de respuesta múltiple. Dicho instrumento posee unas propiedades métricas que permiten su utilización telefónica a los pacientes afectados de osteoartritis en cadera o rodilla. En España se ha diseñado una versión reducida, con sólo 11 ítems, de gran aplicación en estos pacientes. En éste se analiza la intensidad y el momento en que se produce, la rigidez (sin dolor) o dificultad inicial para el movimiento de las articulaciones, y la capacidad funcional para realizar movimientos básicos (levantarse, estar de pie, andar, vestirse, hacer tareas domésticas, etc.). Se asigna un valor numérico a cada respuesta, sumando finalmente el total de cada dimensión individualmente.

 

Suplementos de Vitamina D para aliviar el dolor de rodilla en osteoartritis

La osteoartritis de rodilla es un trastorno osteoarticular habitual en las personas mayores, ocasionándoles una alteración notable en su funcionalidad, lo que les impide en muchas ocasiones no sólo no poder trabajar sino reducir fuertemente sus relaciones sociales. Un aspecto que agrava lo comentado es la falta de tratamiento que modifique el curso de la patología, una vez que ésta ha comenzado.

La vitamina D actúa a nivel del hueso, por lo que se ha estudiado la posible influencia positiva que tendría su administración sobre el curso de la osteoartritis (OA). En base a ello se han realizado algunos estudios observacionales que sugieren una reducción en la progresión de la enfermedad mediante dosis altas de vitamina D. Para probar dicha hipótesis, unos investigadores de EE.UU. llevaron a cabo un ensayo clínico controlado con placebo y aleatorizado en 144 pacientes con OA para evaluar la eficacia de administrar durante 2 años una dosis inicial de vitamina D de 2000 UI diarias con incrementos de 2000 UI a los 4, 8 y 12 meses, con el fin de alcanzar un nivel plasmático de entre 36 y 100 ng/mL de 25-hidroxi vitamina D.

El resultado principal fue la medida del dolor en la rodilla, estimado mediante la escala WOMAC (Western Ontario and McMaster Universities). Los pacientes a los que se administró vitamina D redujeron el valor obtenido en la escala WOMAC en 2,31 puntos (IC95%: 1,38; 3,24); en el caso de los pacientes con placebo se observó una reducción de 1,46 puntos (IC95%: 0,60; 2,33). De este modo, no se observó una diferencia estadísticamente significativa entre los resultados obtenidos en ambos grupos.

Un resultado de tipo secundario, el porcentaje de reducción del volumen del cartílago, fue del 4,30% (IC95%: 3,12; 5,48) en el grupo de intervención con vitamina D mientras que en el grupo de placebo, dicho porcentaje de reducción fue del 4,25% (IC95%: 2,39; 6,12), no observándose en este caso tampoco una diferencia significativa.

Con los resultados observados, los investigadores concluyeron que el suplemento diario de vitamina D durante 2 años, en dosis suficientes para aumentar los niveles plasmáticos de 25-hidroxi vitamina D por encima de 36 ng/mL, no reducen el dolor en la rodilla ni la pérdida del volumen del cartílago con respecto a la administración de placebo en pacientes con osteoartritis sintomática de rodilla.

McAlindon T, La Valley M, Schneider E, Nuite M, Lee J, Price L et al. Effect of vitamin D supplementation on progression of knee pain and cartilage volume loss in patients with symptomatic osteoarthritis. A randomized controlled trial. JAMA. 2013;309(2):155-62.

 

Intervención intensiva en el estilo de vida y remisión de diabetes tipo 2

Un factor de riesgo importante para la incidencia de diabetes tipo 2 (D2) es el sobrepeso, especialmente a partir de un IMC de 30 kg/m2. En función de ello, la prevención del sobrepeso, mediante intervenciones dirigidas hacia el cambio en el estilo de vida, parecen fundamentales para prevenir y controlar, una vez que ha aparecido, la D2. Sin embargo, no está claro con qué frecuencia se puede remitir dicha patología mediante el tipo de intervenciones mencionadas.

Con el fin de analizar la asociación entre una intervención intensiva para reducir peso con la frecuencia de remisión de D2 a prediabetes o normoglucemia, unos investigadores efectuaron un análisis de un estudio controlado y aleatorizado realizado durante 4 años, que comparaba dicha intervención intensiva respecto de la educación sanitaria en individuos diabéticos con IMC superior a 25.

La medida del resultado principal fue la remisión parcial o total de la D2, estimada ésta por una glucemia basal de <126 mg/dL o un valor del 6,5% de la A1C. Los individuos asignados a la intervención evaluada redujeron su peso a los 4 años en el 3,9% (IC95%: 3,5; 4,4), así como remitieron en su patología en el cuarto año en un 7,3% (IC95%: 6,2; 8,4). Los asignados al grupo control remitieron en menor cuantía (2%; IC95%: 1,5; 2,7), también a los 4 años.

Los investigadores concluyen que en el presente análisis exploratorio de los pacientes con sobrepeso, una intervención intensiva para reducir el peso de los individuos se asoció con una mayor remisión parcial o total de la diabetes tipo 2 respecto del soporte y educación habitual que normalmente se aporta a estos pacientes. Sin embargo, las cifras de remisión absoluta fueron modestas. •

Gredd E, Chen H, Wagenknecht L, Clark J, Delahanty L, Bantle J et al. Association of an intensive lifestyle intervention with remission of type 2 diabetes. JAMA. 2012;308(23):2489-96.

Ángel Sanz Granda
Pharm. D. Consultor Científico
angel.s.granda@terra.es

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