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Así pues, existe un riesgo de iniciarse en el tabaquismo cuando la proximidad al hábito es mayor que la que se puede indicar como habitual. Como no todas las personas estarían igual de próximas a comenzar a fumar, una población de riesgo es el conjunto de personas que, por sus características de cualquier índole, estarían más propensas a iniciarse en el hábito tabáquico.

Asimismo, la RAE define un factor como un elemento o concausa (cosa que, juntamente con otra, es causa de algún efecto); siguiendo entonces con el ejemplo del tabaquismo, cualquier situación que favorezca su inicio sería considerada como un factor. Si existe el riesgo de iniciarse por algún motivo, éste será considerado como un factor de riesgo para comenzar a fumar.

 

 

Estas disquisiciones lingüísticas nos conducen a un concepto de riesgo como una probabilidad de ocurrencia de un evento. Por tanto, y pasando al mundo de la epidemiología, el riesgo de un evento –como por ejemplo, el riesgo de iniciarse en el hábito tabáquico- se establecerá mediante una proporción de las personas que alcanzan el evento (tabaquismo) respecto del número total de la población estudiada.

Parece entonces claro entender que el riesgo de inicio al tabaquismo se establece como el cociente entre el número de personas que llegan a iniciarse y el número total de personas (hayan o no comenzado a fumar). Igualmente, parece claro que a esta definición le falta un espacio temporal. Es decir, indicar en qué período de tiempo se alcanza o no el evento, por lo que finalmente se podría indicar que el riesgo del inicio tabáquico en, por ejemplo, un año, es de una determinada magnitud (el cociente aludido antes).

Es posible que existan diversas circunstancias o marcadores que permitan predecir el evento futuro. Estos son, como antes se apuntó, los factores de riesgo. Por ello, se podrá estudiar a una población para analizar el riesgo que presentan de un evento –como iniciar el tabaquismo- en función de potenciales circunstancias o factores de riesgo que, a priori, se piense que pueden favorecer o no dicho evento. Otros factores de riesgo –concretamente en adolescentes- se ha visto que son la existencia de hermanos, padres o amigos que fumen. El siguiente estudio analiza otros posibles factores de riesgo, como la utilización de cigarrillos electrónicos en los adolescentes. •

 

 


¿Existe alguna asociación entre el uso de cigarrillos electrónicos en la adolescencia y el inicio del tabaquismo?


Es de sobra conocido el efecto que tiene la nicotina sobre las personas que la inhalan al fumar cigarrillos o cigarros puros. En base a ello, existe en la actualidad una actitud decidida a minimizar, e idealmente erradicar, este hábito pernicioso para la salud. Actualmente, los cigarrillos electrónicos están siendo cada vez más populares, a pesar de que no se conoce exactamente las consecuencias de su uso, ni los ingredientes que contienen y, por tanto, la problemática que puede tener asociada. En cualquier caso, en este tipo de dispositivos suele encontrarse nicotina.

En base a lo expuesto, unos investigadores de California (EE.UU.) han realizado un estudio longitudinal para comprobar si la utilización de cigarrillos electrónicos es un factor de riesgo para la iniciación en el hábito tabáquico en el año posterior. Los participantes del estudio fueron estudiantes, que nunca habían fumado y que presentaban una edad media de 14 años, a quienes se evaluó al inicio y a los 6 y 12 meses. En dichos tiempos se analizó, como variables del estudio, si hasta ese momento habían fumado algún producto de tabaco, el número de productos que habían fumado y si habían utilizado cigarrillos electrónicos.

 

 

A los 6 meses de iniciarse el estudio, la frecuencia de muchachos que habían fumado algún producto del tabaco durante este período fue superior en aquellos que habían utilizado cigarrillos electrónicos en un principio (n: 222) que en los que nunca los habían utilizado (n: 2.308): 30,7% versus 8,1% respectivamente (diferencia: 22,7%; IC95%: 16,4-28,9). En la evaluación a los 12 meses de seguimiento, la diferencia entre los que habían utilizado o no los cigarrillos electrónicos (25,2% vs 9,3% respectivamente) fue del 15,9%.

En definitiva, la utilización de cigarrillos electrónicos al inicio se asoció con una mayor probabilidad de fumar productos de tabaco posteriormente (OR: 4,27; IC95%: 3,19-5,71). Esta asociación puede explicarse por otros mecanismos. Es posible que los factores de riesgo de ambos usos (tabaco y cigarrillos electrónicos) sean los mismos, por lo que no podría determinarse un orden secuencial que justificase lo acontecido; es posible también que la exposición a la nicotina de los cigarrillos electrónicos pueda jugar un papel importante en el inicio del tabaquismo: los nuevos cigarrillos electrónicos calientan las soluciones empleadas a alta temperatura, facilitando la ingesta de la nicotina que puede llegar a producir el abuso en aquellos.

Los autores concluyen que, entre los adolescentes que habían utilizado previamente cigarrillos electrónicos, la probabilidad de iniciarse al siguiente año en el hábito tabáquico era superior a la observada entre quienes nunca utilizaron aquellos dispositivos. No obstante, se requieren más investigaciones para probar si dicha asociación es causal.•

Laventhal A, Strong D, Kikpatrick M, Unger J, Sussman S, Riggs N et al. Association of electronic cigarette use with initiation of combustible tobacco product smoking in early adolescence. JAMA. 2015;314(7): 700-7.

 

 

 

El ‘viagra’ femenino

La flibanserina (FL), agonista de receptor 5HT1A y antagonista del 5HT2A, se estudió como medicamento antidepresivo, aunque la investigación no prosperó por falta de eficacia. Sin embargo, parecía observarse que había un aumento del deseo sexual en mujeres. Desde entonces se han realizado varios ensayos clínicos aleatorizados, doble ciego y controlados por placebo. En ellos, se administró flibanserina (25, 50 y 100 mg/d) a mujeres premenopáusicas (edad media: 36 años) con el denominado trastorno de deseo sexual hipoactivo, conduciendo a que el pasado 18 de agosto de 2015, la FDA ha emitido un informe autorizando su comercialización, a pesar de que ésta había sido denegada en dos veces por el mismo organismo, en base a que no presentaba un adecuado perfil de riesgo y beneficio.

En los estudios evaluados, las variables principales han sido variables reportadas por la propia mujer: cambio en el número de relaciones sexuales satisfactorias (RSS) en 4 semanas, así como el cambio en el valor reportado sobre el deseo sexual (DS). Los resultados mostraron que la dosis de 100 mg –pero no las demás- aumentaba significativamente del número de RSS (0,5-1,0) pero no el valor del DS (0,3-0,4). Respecto de la seguridad, se observaron sólo mareos, somnolencia, náuseas, fatiga, insomnio y sequedad de boca.

Existen voces a favor y en contra de la aparición de este fármaco, argumentando que los resultados no aportan un mucho mayor beneficio que el placebo o que las variables principales de resultado son subjetivas –reportadas por el paciente- y por lo tanto dotadas de cierta incertidumbre. Otros abogan porque el trastorno de deseo sexual hipoactivo no es una patología sino una condición natural en cierto estadio de la vida. El tiempo –y una mayor carga de evidencias- pondrá las cosas en su lugar.


U.S. Food and Drug Administration. Flibanserin for the treatment of hypoactive sexual desire disorder in premenopausal women. NDA 022526. Advisory Committee Briefing Document. 4 June, 2015. Disponible en: http://www.fda.gov/downloads/advisorycommittees/committeesmeetingmaterials/drugs/drugsafetyandriskmanagementadvisorycommittee/ucm449090.pdf

 

 

Ángel Sanz Granda
Pharm. D. Consultor científico
angel.s.granda@terra.com
www.e-faeco.8m.net

 

 

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