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Artículos | ¡Bienvenidos a Infarma! Por Pedro Caballero-Infante

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Puntualsenna

Cargados de bolsas gentilmente regaladas por las múltiples firmas que abarrotan las plantas de la sede y que les han obsequiado con abundantes regalos a priori atractivos y a posteriori inútiles, descansarán brazos y pies para, tras la lectura, si la hacen, de mi diario, enzarzarse en conversaciones obviamente monotemáticas.

Estas convenciones son extremadamente útiles porque, entre otras importantes motivaciones, se conocen compañeros que la inevitable distancia impide, aunque se les conozca de nombre y ubicación, haberlos tratado personalmente.

También se contacta con antiguos condiscípulos a los que, después de asegurarse que son realmente los que conocimos durante la juventud, se les piropea con la falsa, pero grata, frase de: “Estás como siempre. No pasan los años por ti”.

Hay veces en que el interpelado, que realmente no ha envejecido, contesta que no es exactamente Pepito Calasporro sino su hijo, de lo que se puede salir del paso contestando: “¡Pues más a mi favor, porque eres clavadito a tu padre!”.

Cuando no es el caso y contactamos con amigos y compañeros asiduos, la conversación, como he escrito, se convierte en un tema, lógicamente, relacionado con la profesión, que no es otra cosa que el “muro de las lamentaciones” farmacéutico.

No obstante el tema “monográfico” sobre nuestra problemática, que, dicho sea de paso, aburre a los consortes, tiene puntualizaciones comparativas que algunos reciben como agua de Mayo.

-“¿Qué precio tiene el omeprazol en tu tierra?”

-“6,40 euros”.

-“¡Ay qué suerte chica!”. Yo lo “vendo” a 2,30”.

-“Pero, por lo que sé, tu Consejería te paga puntualmente”.

Este diálogo, que puede semejarse a una conversación sobre la bolsa cotidiana de la compra, no deja de ser interesante, porque nos une ante lo que es el desconocimiento de la problemática de las desafortunadas 17 autonomías de España.

El ser humano tiene tendencia a distanciarse, y por tanto no ocuparse de los problemas ajenos, y así los boticarios de una región  que excepcionalmente cumple con los pagos, reivindican ante sus Consejos regionales otras demandas, aún justas, distintas a las de otros compañeros de distintas zonas. Esto hace vigente el “divide y vencerás” que tan bien le viene a la Administración en nuestro caso.

También en reuniones como INFARMA el boticario cambia de posición ante el maldito mostrador. Aquí se encuentra en la sección de público y puede preguntar hasta la extenuación, al igual que hacen diariamente  los usuarios de nuestras boticas.

La diferencia estriba en que el que nos atiende encuentra a un civilizado “cliente” sano y distendido que da la lata de una forma comedida. Si acaso se puede poner pesado para que le muestren una y otra vez el funcionamiento de ese robot que le ha dejado absorto.

En las boticas, dedicadas primordialmente a “vender” salud a personas enfermas, el farmacéutico sólo oye penas y lamentaciones que se acrecientan cuando llega la hora de cobrar.

Les sonará la frase: “¿Siete euros? ¡Ya no  puede uno ni ponerse malo!”. Y es que nuestra actividad al mezclar sanidad con peculio se hace especialmente pesimista.

En la milicia universitaria, que hicimos los que ya ni nos acordamos, existía, y sigue existiendo, la figura de los furrieles, que tenían misiones específicas para designar servicios como guardias, imaginarias y otras que hacían más dura aún la mili.

En cambio otros tenían la agradable labor de, por delegación, conceder permisos y los llamados, en la mili común, pases “per nocta”. Al primero se le veía como al mismo Belcebú y al segundo como una bella odalisca, culminación de mil placeres.

Nosotros, los boticarios, somos los furrieles de los servicios y los cirujanos, que ya no cobran en mano, valga el ejemplo, los del permiso y pases de libertad eventual.

No obstante estas disquisiciones, me parece estar en fantástica conversación con mis compañeros en Barcelona viendo sólo la parte positiva de nuestra profesión, que desde el lugar en donde estamos se hace menos desagradable que en el vivir diario que nos separa y nos entrega a nuestra cotidiana soledad.

Sólo falta que no metamos la pata y en el departamento de Información preguntemos, sin mala intención: “¿Sabe usted a la hora que juega el Madrid este domingo próximo?”.•

 

Olegario
Por la transcripción: Pedro Caballero-Infante
caballeroinf@hotmail.es
@caballeroinf

 

 

 

 

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