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Artículos | Consideraciones farmacéuticas acerca de la viagra femenina o Addyl®

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Va a aparecer en el mercado farmacéutico lo que ha venido en denominarse la “Viagra femenina”, en clara alusión a los efectos estimulantes sobre la líbido de las mujeres, guiada sin duda por un deseo de sustitución o paliativo de las deficiencias en ese campo (exaltando de esa forma el síndrome del deseo sexual inhibido), pero animado sin duda por el deseo de incrementar la cuenta de resultados del laboratorio fabricante en al menos los 2.000 millones de euros que le ha supuesto a Pfizer la comercialización de la pastilla azul de la Viagra®, con unos 1.800 millones de comprimidos dispensados en el mundo y un número aproximado de 34 millones de hombres usuarios. A los pocos días de obtener el permiso de comercialización, ha sido comprado por otro de mayor envergadura, el canadiense Valeant.

Su diseño farmacológico es sencillo, mezcla de testosterona, de sildenafilo –que aumentaría el flujo sanguíneo en los genitales– y la buspirona, usada en el tratamiento de la ansiedad, ya que reduce los niveles de serotonina y aumenta los de dopamina y noradrenalina, inhibiendo las vías neuronales mediadas por GABA. El inconveniente de este principio activo (flibanserina), de mecanismo de acción no muy bien conocido, es que el efecto ansiolítico tarda en aparecer.

Al parecer, en los ensayos produjo en más del 10% de los casos, mareos, fatiga, somnolencia, sequedad de boca e hipotensión, y es incompatible con la ingesta de alcohol, que siempre es apetecible para estos momentos de excitación , quitándole por tanto todo el romanticismo que puedan comportar.

Ha sido diseñado para mujeres con disfunción sexual (DSF) en casos de bajo deseo y pobre excitación sexual, debido a un sistema cerebral relativamente insensible para este tipo de señales erógenas, y también para mujeres con (DSF) motivada por vida ajetreada, exceso de prisa y actividad diaria pronunciada.

La pregunta fundamental es si estos medicamentos pueden sustituir a la atracción física, ya que el componente mental sigue siendo el de más peso en el deseo femenino. ¿Se puede sostener la ilusión con un medicamento de esta naturaleza?

 

 

 

 

No hay que olvidar que lo mental es lo principal en estos casos junto a los factores afectivos, sociales y de otra naturaleza, por lo que al no centrarse exclusivamente en la irrigación sanguínea de los genitales, sino demandar otros componentes psicológicos, tenga un espectro más reducido que la Viagra®, ya que estimular el deseo es bastante más complejo e incierto que dilatar los vasos que irrigan los genitales.

El laboratorio fabricante en principio considera que estamos ante un medicamento que sirve para tratar la disfunción sexual femenina para mujeres con deseo/excitación sexual baja debido a su baja energía de activación, o bien para aquellas otras que por su imparable dinamismo no llegan a alcanzar esa energía de barrera. Al mismo tiempo admite la toma a demanda, según el grado y la naturaleza de la hipoactividad. Lo curioso del caso es que este nuevo fármaco se vende como liberador de la mujer.

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Hay que analizar las causas del deseo o apetito sexual, que es una mezcla de factores neurológicos, endocrinos y psicológicos que estos fármacos tratan de atender, pero sin solucionarlos en su totalidad. Si los amantes no se sienten bien, a gusto el uno con el otro y con deseos de compartir, probablemente la ayuda farmacológica no fluya como es debido, pues a la postre la líbido femenina es un verdadero misterio, ya que la Termodinámica del ser humano no es la pura Entropía ni la Entalpía de los procesos secuenciados por el diablillo de Maxwell, sino algo más que la pura Bioquímica. Addyl® ha considerado por ahora despertar pasiones encontradas. Desde quien dice que es «el mayor avance para la salud sexual de la mujer desde la píldora», hasta los críticos que aseguran que es un fármaco poco efectivo para una enfermedad inventada o exagerada, y cuyo proceso de aprobación ha sido una parodia del sistema regulador de fármacos.

Al nuevo laboratorio canadiense le compensa su fabricación, haya o no relaciones sexuales, pues su posología comporta su toma diaria y si al cabo de 8 semanas no notan mejoría, sugieren que dejen de tomarlas.

Se ha medicalizado la sexualidad femenina al tener una píldora para estimular el deseo sexual. Parece que se ha descubierto una nueva patología femenina (por otro lado tan vieja como la humanidad, denominada TDSH o trastorno del deseo sexual hipoactivo, que es a la postre una DSF), contra el cual actúa Addyl®.

Así pues un fármaco que incremente las ganas de tener ganas, es difícil de diseñar, máxime cuando esas ganas son difíciles de concretar y de definir, ya que si existe poco deseo, ¿a qué es debido?

Por otro lado, ¿es lícito que los laboratorios creen una cultura de la necesidad a través de un modelo galénico para el que no cuenta la implicación emocional?

Se habla de disfunción sexual femenina abordando sus causas en modelos farmacológicos exclusivamente y sin ahondar en sus causas psicológicas-conductuales, olvidando el dicho de que: “lo que natura no da, Salamanca no lo presta”. No se puede fabricar el deseo a base de transmisores y de receptores neurológicos al más puro estilo del empirismo fisiológico.

Su uso a demanda se me antoja sorprendente, sin una pauta posológica bien definida, pues según la farmacocinética de ella, puede pasar como en las siete y media, que te pases o que no llegues.

Podemos asistir a un proceso mediante el cual la mujer se someta de nuevo a una cultura patriarcal en la que primen los beneficios económicos y en el que el papel predominante lo ejerzan los hombres.

Hay que deslindar lo puramente fisiológico de lo ontológico. •

 

Fernando Paredes Salido
Doctor en Famacia, Medicina y Ciencias Químicas.

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