Close Menu
Masksforall

NO Mobile

Estás leyendo

Artículos | Diario de un pesimista. Por Pedro Caballero-Infante

Compartir

Puntualsenna

Este Diario lo escribo el 1 de Agosto, ya que la Revista Acofar ha pasado a bimestral, ajustándome el cinturón de seguridad del coche para coger carretera y manta y tomarme unas merecidas vacaciones.

Ayer estuve de guardia y aproveché para leer, a fondo, las periódicas publicaciones sanitarias que siguen siendo mi oscuro objeto de deseo.

¡Para qué lo hice! La lectura actualizada te recuerda que el futuro tampoco es halagüeño. Verbigratia: la nueva orden de precios para el detestable mes de septiembre.

Me exasperan las entrevistas a voces autorizadas y los artículos de opinión. Me recuerdan la genial película “La vida de Brian” y una escena concreta en la que un grupo político plantea sus tesis de regeneración estatal.

Dice uno: “Planteemos un frente unido inflexible y metódico”, a lo que contesta su compañero de partido: “Efectivamente. Con una variante: hay que excluir la flexibilidad para crear un método que nos haga fuertes”.

Las publicaciones que he leído en mi guardia tienen un denominador común: la mención de todos y cada uno de los problemas que nos aquejan, las consecuencias que nos están produciendo y la necesidad de poner pie en pared.

Bien: “corto y cambio”. O sea que la enfermedad está diagnosticada y acordada entre los múltiples opinadores, pero, ¿y el remedio?

Pormenorizando, los hay de dos tipos: el que aboga por la aceptación de los hechos y que se inclina por adaptarse a la represión mediante la búsqueda de oxígeno a otros niveles en forma de marketing, ventas cruzadas, fidelización despersonalizada, etc., etc.

Y a los que llamo conformistas, los que si, en un momento dado, se pone de moda la acupuntura, no se rebelan, sino sólo piensan qué fábrica de alfileres les dará mejor precio.

Estos son carne de cañón para las múltiples empresas que, aprovechando la situación, no cejan en su empeño de “vendernos” nuevas ideas comerciales que van desde el cambio estructural de nuestras boticas hasta las ventas “on line”.

El otro tipo que podríamos llamar, seguimos con el cine (un saludo a Paco Fernández), “Los últimos de Filipinas”, se aferran a la reivindicación del boticario de siempre, el dispensador de fármacos que quiere tan sólo que lo dejen en paz y que pueda seguir dedicándose exclusivamente a la Atención Farmacéutica de sus pacientes dando alma, corazón y vida por la enfermedad y el medicamento sin negarse a que esta labor esté actualizada en forma de protocolos y utilización de las nuevas TIC.

Lecturas recomendadas

Acofar siempre ha estado abierta al sector del autocuidado

Por todo ello, mi más sincera felicitación a la revista Acofar, de la distribución farmacéutica cooperativista, por …

La investigación desde la Oficina de Farmacia

  Hace escasamente un mes, asistí a la sexta jornada de “Investigación en servicios profesionales farmacéuticos as…

Para lelos. Por Pedro Caballero-Infante

El DRAE define al lelo como tonto o aturdido. La segunda acepción me parece muy suave para lo que quiero comentar en mi…

Yo, para no contradecirme, sugiero una solución que pasa ineludiblemente por la palabra que tantas veces cito: SOLIDARIDAD. Este fonema tiene una confluencia dialéctica en otras dos: UNIÓN y EMPATÍA.

Me preguntaba, hace unos años, mi maestro boticario, el viejo D. José: “Olegario, esto de farmacéutico comunitario, ¿qué es?”. Yo le sonreía y le contestaba: “Lo que ha sido siempre usted D. José, pero haciendo hincapié en el DRAE: perteneciente a una comunidad. Es decir, intentando romper el molde de la farmacia reino taifa”.

Y es que las palabras las carga el diablo, como decía el cateto que asistió a un circo que anunciaba liliputienses: “¡Coño con los “putienses”, si resulta que son “nanos!”.

Las múltiples asociaciones farmacéuticas que existen y que, “of course”, llevan aparejadas unas siglas, no se dan cuenta que en sus crípticos acrónimos están fomentado la separación, que es todo lo contrario por lo que yo abogo.

Ante ellas el aceptador se aísla igual que el, llamémosle, boticario reaccionario. De esta dicotomía sólo crecen críticas a los colegios, cooperativas, empresariales y otras entidades fundamentales para nuestra supervivencia.

La visceralidad es su denominador común y ésta no es recomendable. ¿Rebeldía? ¡Sí!, pero controlada con un examen ponderado que lo da la mezcla de ambas posturas.

Como dice un compañero, y con esto quiero cerrar con un toque optimista: “¿Por qué nuestros estamentos no crean, de los muchos teléfonos que ponen a nuestra disposición, uno que sea “El teléfono de la esperanza?”.

Yo le agrego que lo podría atender Chiquito de la Calzada a la voz de: “No puedor… no puedor…”. Al menos nos arrancaría una sonrisa. •

Olegario
Por la transcripción: Pedro Caballero-Infante
caballeroinf@hotmail.es
@caballeroinf

 

Comparte esta entrada:

Angileptol. Al diablo con el dolor de garganta.
Magnesioboi

Suscríbete a nuestro boletín

close

Apúntate a nuestro boletín

Recibe en tu correo los contenidos más relevantes sobre el sector: