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Artículos | El boticario se automedica. Por Pedro Caballero-Infante

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Puntualsenna

Quiero, antes de seguir, dejar claro, que todo lo que sea abrir caminos para que la figura del farmacéutico se engrandezca tiene mi máximo apoyo.

Por ello lo que sea organizar cursos, utilizar las TIC, ampliar campos y en definitiva reciclarse, son estrategias dignas de encomio.

Pero todas estas iniciativas sin el factor humano, léase boticario a pie de obra, me parece como arar en el mar (Fernando Grande dixit). Puede aceptarse, lo que los médicos critican, que no estemos capacitados al no haber cursado las asignaturas de patología, para diagnosticar una grave enfermedad, pero lo cierto es que en la llamada medicina psicosomática somos los reyes del mambo.

Digo todo esto a raíz de una noticia que llega a mis manos a la que titulan tal que así: “Aumentan un 63% las ventas de productos para el desánimo indicados desde las Farmacias”. Sigo leyendo y constato que se va a organizar el curso CONFIA (Consejo Farmacéutico e Indicación en Consultas sobre Estado de Ánimo). Dicen los organizadores, entre otras cosas, que es importante que el farmacéutico disponga del máximo de herramientas posibles para ofrecer consejo sanitario en este ámbito.

Vayamos por partes que dice mi carnicero. El desánimo no es una enfermedad somática, por tanto que yo sepa, hasta ahora, sólo hay un tratamiento farmacológico que son las anfetaminas. Pero como no creo que este curso vaya por estos derroteros que rayan con las drogas extáticas, creo, en mis cortas entendederas, que este nuevo nombre que se le ha puesto a una enfermedad anímica sólo lo conoce y diagnostica el boticario de a pie.

Modesta, la abuela que cuida y mantiene a la hija maltratada, y por tanto separada, con sus dos pequeños nietos y a la que D. Olegario le fía hasta que la muerte los separe. ¿Está desanimada?

Emilio, el viudo reciente, cuyos hijos se han emancipado, vive solo, lo han operado de cataratas y no sabe ponerse los colirios (se los pone diariamente, cada dos horas, Cristina, mi adjunta). ¿Está desanimado?

Luisa, que tiene desde hace un año a un hijo, diagnosticado de leucemia, ingresado en el Hospital de la Seguridad Social, con el que anda por los pasillos empujando el trípode del gotero diariamente (yo le he llevado algún que otro juguete), y que sin ayuda tira adelante del resto de su familia. ¿Esta desanimada?

Carmela, que lleva más de un año, por no poder pagar la hipoteca, a la espera que la desahucien de su modesto piso. ¿Está desanimada?

Doña Ramona, la aparentemente pudiente vecina, siempre bien vestida y arreglada, que nadie, menos yo, sabe que su cuantiosa pensión y sus ahorros se los está dilapidando su hijo que es drogadicto y la agrede y le roba. ¿Está desanimada?

Este curso sobre el desánimo lo va a organizar Ágora Sanitaria, a la que, y por eso la nombro, sí le hago publicidad por sus buenos objetivos. Lo cual no merma el que me manifieste sugiriendo que este curso debe contar con auténticos y perennes trabajadores de mostrador que conozcan las entrañas de la marginalidad, la pobreza y la soledad para lo cual no hay que buscarlos sólo en barrios periféricos de grandes urbes sino también en poblaciones no capitalinas y sí suficientemente habitadas sin olvidar el medio rural.

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La noticia agrega que se pretende cumplir con los objetivos de que el farmacéutico tenga más recursos para identificar al paciente susceptible de padecer desánimo y determinar cuándo es necesario derivar al médico.

El boticario fetén sabe perfectamente diagnosticar la enfermedad del desánimo y conoce sus causas y efectos. De ahí que sepa que lo menos indicado es desviar este enfermo a su médico en la total seguridad que éste, al no tener la historia vivencial que el farmacéutico posee del desanimado, le encontrará alguna enfermedad somática a la que pondrá tratamiento farmacológico innecesario.

El tratamiento eficaz que necesita el desanimado es humanidad, comprensión, consejo, paciencia y tiempo, que sólo el boticario da como lo lleva demostrando años.

Si hubiese un medicamento para el desánimo ya los farmacéuticos nos hubiéramos automedicado con él. •

 

Olegario
Por la transcripción:
Pedro Caballero- Infante
caballeroinf@hotmail.es
@caballeroinf

 

 

 

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