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Artículos | El cobro farmacéutico está en los albores

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Ni menciono la cantidad de asuntos que ayudo a resolver  diariamente muy tangenciales con los temas de salud. Enfermedades tratadas somáticamente y que tienen larvadas un componente depresivo y social de aúpa que te hace conocer al paciente, su mujer, la cuñada, la suegra, los hermanos y al del perro del quinto.

Hoy me ha tocado, como «hit parade» del día, un acto profesional en el que he estado a punto de ceder, pues sabía, y así ha sido, que me traería muchos problemas de los que el Ministerio de Sanidad ni sabe ni quiere aprender.

Como todos vamos envejeciendo, y jubilándose por ende, tengo muchos pacientes que son médicos pensionistas con sus correspondientes familias y compromisos.

Estos galenos tienen a su disposición recetas de la Seguridad Social, de las «colorás», que utilizan siempre para «sacar» sus medicamentos y los de su mujer, hijos que aún están bajo su tutela y, como en este caso, la cariñosa asistenta suramericana de turno

A primera hora ha entrado una chica ecuatoriana con dos recetas de la misma prescripción, una benzodiacepina. El error, o la desidia, ha hecho que el médico pensionista, al que conozco de vista, haya puesto el mismo nombre del paciente en ambas recetas y con la misma fecha.

Me he dado cuenta y le he dicho a la recadera, tras una prolija y absurda, por mi parte, explicación, que no podía ni debía darle el mismo medicamento por doble al mismo enfermo ya que, haciéndome el tonto, podría producirse un error de sobredosis.

La chica se ha llevado tan sólo uno y la receta «sobrante». Me he quedado en guardia cual Nadal esperando el saque de Federer.

Efectivamente, sobre el mediodía, ha entrado, algo alterado, el médico-pensionista-autoprescrptor y ha comenzado a recriminar mi actitud. Me ha hablado de leyes, espíritu de leyes e inteligencia.

No pormenorizo la discusión porque sería largo y absurdo. Ambos sabíamos nuestras razones y al final, como siempre, los ánimos se han apaciguado y hemos renovado nuestro «pacto de convivencia sanitaria». Lo pongo todo entrecomillado porque médicos y farmacéuticos, y acepto opiniones, en el ámbito sanitario somos y seremos masa que no une.

Cuando, como siempre, he recapacitado en casa mi actuación me he debatido entre mi falta de cintura o mi elevado sentido de la responsabilidad. El disgusto no me lo paga nadie …¿y por qué?.

Creo que el tema, como decía en el inicio sobre el cobro farmacéutico, está en los albores y como toda tierna criatura hay que mimarla y no andar a largas zancadas que pueda destrozar el invento.

Los boticarios tenemos problemas por un tubo y hay que priorizar, que así se dice ahora, de tal forma que tirarnos a la calle reivindicando el pago de nuestra Atención Farmacéutica no sería conveniente, porque agitaríamos las aguas turbulentas que corren por debajo de nuestros puentes  como ya cantaron en su día Simon y Garfunkel.

Por todo ello reclamo que el boticario siga estando en su sitio, que se cabree en su casa como yo. Que siga rastreando los PRM, atendiendo a los polimedicados y oyendo soflamas contra las cuñadas, suegras y demás parientes y afectos.

A lo mejor de estas sacamos muestras para elevarlas, en su momento, a nuestros Administradores Sanitarios.

Mientras, estaremos dispensando muchos omeprazoles a precios de chucherías oyendo a la opinión pública utilizar este ejemplo para decir que nos estamos forrando y sin oír una sola voz que diga desde cuando no se opera en urgencias una hemorragia gástrica o  una úlcera de estómago.

Quien dijo, con razón, que la cirugía es el fracaso de la medicina debía de haber incluido en el adagio a los boticarios que  controlamos los fármacos que la evitan, los conservamos y los dispensamos a cambio de una cada vez más disminución de nuestros ingresos.

Si esto último no es un acto farmacéutico que venga Dios y lo vea.

«Olegario»

Por la transcripción: Pedro Caballero-Infante

 

 

 

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