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Artículos | El farmacéutico que quiero ser

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Si preguntásemos a la gente qué le pide a su farmacia o cómo le gustaría que fuese su farmacéutico es probable que nos respondieran que buscan a una persona agradable, que no les ponga impedimentos a la hora de adquirir el medicamento que necesite, que tenga un amplio stock y buenos precios en parafarmacia.  Poca gente contestaría que quiere que su farmacéutico sea un profesional bien formado, que le resuelva sus problemas de salud y que sea una persona íntegra que respete las normas sanitarias y ponga los intereses de sus pacientes por encima de los suyos personales. Este mismo problema sé que lo padecen también en cierta medida los profesionales médicos, puesto que para muchos pacientes un «buen médico» es aquel que le da todas las recetas que le solicita sin hacer más preguntas o que prescribe antibióticos al menor dolor de garganta, en lugar de aquel que tenga más conocimientos o se preocupe por su salud a largo plazo.

Ante esta realidad lo más fácil sería darle a la gente lo que busca, cambiar de categoría a los pacientes y convertirlos en clientes, y asumir por tanto «que el cliente siempre tiene razón». Sin duda muchas oficinas de farmacia ya se han adaptado a esta realidad, y por ejemplo «dispensan» medicamentos que debieran ser con receta (como antibióticos o analgésicos) sin que al paciente se los haya recetado un médico, sólo por el miedo al conflicto y a perder a un cliente. Pongo dispensar y entre comillas porque aquí el farmacéutico no está realmente dispensando, simplemente está despachando. Un farmacéutico responsable debe explicarle al paciente que todos los antibióticos sólo pueden ser dispensados con receta, que así debe ser para garantizar su salud y la salud pública, luego debe interesarse por el estado del paciente y ver qué le ha llevado a buscar ese tratamiento, y si lo estima oportuno, remitirlo a su médico, o si el caso no entraña ninguna gravedad (como habitualmente suele suceder) ofrecerle un tratamiento para síntomas menores si esto es posible. No todos los pacientes responderán positivamente, muchos se irán malhumorados y desde la puerta lanzarán la típica amenaza en estos casos: «ya iré a otra farmacia donde siempre me lo dan». Pues ante esto tranquilidad, la tranquilidad que da saber que estás haciendo bien tu trabajo y preferir perder a cien clientes antes que perjudicar a un sólo paciente.

 

 

 

Os contaré un caso real, hace algún tiempo vino una paciente a la farmacia buscando un antibiótico muy común para tratar infecciones del tracto urinario; ante mi negativa me dijo que llevaba ya meses comprándolo sin receta cada vez que le aparecía sangre en orina. Preocupado por los síntomas que me refería la paciente le rogué que acudiese a su médico con carácter urgente. Algún tiempo después regresó por la farmacia con un diagnóstico de cáncer de vejiga. Me pregunto si también fue a la farmacia donde le vendían los antibióticos sin receta a darle las gracias por retrasar un diagnóstico tan importante.

Yo defiendo que los farmacéuticos no hemos invertido cinco años de nuestra vida en aprender farmacología, bioquímica, fisiología, anatomía o físico-química para convertirnos ahora en tenderos de bata blanca. La responsabilidad es toda nuestra, nosotros somos los únicos responsables del actual desprestigio que padece la profesión. Nos lo estamos buscando a base de dar más importancia a todo lo que rodea al medicamento que al propio medicamento en sí. Defendamos la formulación magistral, no como un vestigio del pasado sino como una opción de futuro. Hagamos de la atención farmacéutica el eje de nuestra práctica diaria, no porque nos vaya a reportar un beneficio económico directo, sino por el prestigio que nos da como profesionales sanitarios y los beneficios que tiene sobre la salud del paciente. Busquemos la evidencia científica antes de atrevernos a recomendar un producto a una persona: es lo que nos dará la credibilidad que tanto necesitamos. Y ante todo, recordad que sois profesionales sanitarios especializados en el medicamento, nadie sabe de esto más que vosotros, nunca dejéis que os digan lo contrario y defended con orgullo vuestra profesión. •

 

Roi Cal Seijas
Licenciado en Farmacia

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Angileptol. Al diablo con el dolor de garganta.

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