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Artículos | En estos 50 años acofar ha formado e informado a sus lectores

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El Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid es una institución centenaria en sentido estricto de acuerdo a su actual estructura que arranca del Real Decreto de Colegiación Obligatoria de 12 de abril de 1898, y es también una institución pluricentenaria, si se atiende a la constitución en la segunda mitad del siglo XVI de la Congregación y Colegio de Boticarios de Madrid bajo la advocación del Evangelista San Lucas y Nuestra Señora de la Purificación. Con esa perspectiva, cincuenta años de actividad, como celebra ahora ACOFAR, podría considerarse algo baladí, pero nuestra propia experiencia nos dice que no es así.

En estos 50 años han pasado muchas cosas. En 1962 yo era un escolar que había aprendido caligrafía mojando la plumilla en el tintero del pupitre de la escuela, exactamente igual que debían haber hecho mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo. De la radio, recuerdo el anuncio de Cola-Cao «Yo soy aquel negrito del África Tropical», el serial «Matilde, Perico y Periquín» y pocas, pocas noticias, quizá que Brasil había ganado el campeonato mundial de fútbol y que en Roma empezaba el Concilio Vaticano II. Fui ajeno a la Guerra Fría, la crisis de los misiles de Cuba, la carrera espacial entre rusos y americanos o la muerte de Marilyn Monroe.

La revista ACOFAR inició su andadura en un momento que coincide con el comienzo del cambio en la farmacia española. En algunos aspectos la distancia recorrida ha sido sideral, en otros, sin embargo, parece que hemos avanzado muy poco.garcia-romero2

El Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid ya ocupaba su actual sede, aunque entonces se llamaba calle Joaquín García Morato, y hasta la Transición no recuperaría el nombre original de Santa Engracia. La Casa de los Farmacéuticos de Madrid asistía a lo que ahora conocemos como desarrollismo. Tras el Plan de Estabilización de 1959 nuestro país había abandonado la autarquía. Con ello llegó el progreso y la reactivación económica. Entre 1960 y 1973 la economía española registró un nivel de crecimiento que sólo fue superado por Japón. Crecimos mucho pero partíamos de muy abajo. Las farmacias se afianzaban en el gran cambio que representaba la consolidación de la dispensación de medicamentos producidos industrialmente. Marcas multinacionales como Bayer, Hoechst, Merk o Polunec compartían estantes con las nacionales Antibióticos, Cusi, Uriach o Esteve. Desde la Ley de Bases de la Seguridad Social de 1963, se reconoce la libre prescripción para los médicos de la Seguridad Social con un tiket moderador para los beneficiarios. El Colegio de Madrid se encarga de la gestión del cobro de las recetas del Seguro Obligatorio de Enfermedad (SOE) y, ante algunos retrasos en los cobros, un aval gestionado con el Banco Coca cubría esos desfases. En 1969 el COFM establecería un sistema de facturación de recetas dotado con las últimas tecnologías del momento, tras un acuerdo con el Centro de Informática Farmacéutica, S.A. (CIFSA), que incluía la recogida de recetas y de metálico por los repartidores de Cofares. El importe se ingresaba, precisamente, en la cuenta de los cooperadores en ACOFAR.

Las clases medias españolas se desperezan con la bonanza. Son los años de las compras a plazos de frigoríficos, televisores, lavadoras y, el que podía, de un coche utilitario, generalmente el popular 600. Más de dos millones de españoles abandonan el campo, llegan las ciudades y se produce el baby-boom. Crecen nuevos barrios y un cinturón metropolitano alrededor de Madrid que suponen un salto cuantitativo en el número de farmacias.

El COFM creció con el aumento de los farmacéuticos de Madrid. La Trans27094337ición y la década de los ochenta, fundamentalmente con la incorporación de España a la Unión Europea, han marcado nuestra homologación plena a las farmacias de los países más desarrollados. El marco de la Ley del Medicamento de 1990 representó el pleno despegue de nuestra profesión. En la Comunidad de Madrid, dicha transformación ha sido pionera y ha marcado pautas de excelencia en incorporación de nuevas tecnologías, Atención Farmacéutica, formación e información, desarrollo de programas de calidad farmacéutica, farmacovigilancia e integración del farmacéutico en los equipos multidisciplinares de Atención Primaria de Salud a través de los programas de dispensación activa a personas mayores institucionalizadas y/o polimedicados, entre otros. Simultáneamente se ha reforzado ante la sociedad el prestigio de todas las modalidades de ejercicio profesional farmacéutico. Por otra parte, la estructura colegial ha evolucionado de una financiación basada en cuotas a otra sustentada por servicios.

Llegamos al presente, un momento difícil que sin duda pasará, pero que tiene a la sociedad española en una de las coyunturas más complicadas de los últimos 50 años. Los farmacéuticos de Madrid, agrupados en el Colegio, estamos resistiendo los embates gracias ha habernos dotado de una estructura fuerte, con capacidad de interlocución ante el poder político y el resto de los agentes de la cadena del medicamento. Disfrutamos de una excelente relación con La Consejería de Sanidad en el marco de un concierto 2011-2014 que nos permite progresar profesionalmente. Queremos que esta crisis revierta en oportunidad. Convencidos de que la formación continuada es la clave de la excelencia, hemos creado junto al Colegio de Farmacéuticos de Barcelona la plataforma Agora Sanitaria y, convencidos, asimismo, de que es preciso sumarse a los mejores, también con el Colegio de Barcelona, volcamos todas nuestras ilusiones en INFARMA 2012 que celebramos este mes y que seguiremos desarrollando alternativamente cada año en una de las dos ciudades. Nuestra apuesta de futuro, busca que la retribución profesional del farmacéutico dependa menos de un margen sobre el precio de las recetas oficiales y más del reconocimiento de nuestras capacidades. Para ello nos preparamos para hacer una amplia oferta de servicios profesionales farmacéuticos, que bien sean financiados por las autoridades sanitarias como ocurre en Reino Unido, Australia, Canadá o Estados Unidos, o por los propios pacientes que los demanden.

Acofar, en este reducido recorrido social y profesional, ha sido testigo en cada número editado. Ha sido reflejo, y ahí está su historia, de lo que ha acontecido en los últimos 50 años y, lo que es aún más importante, lo ha hecho con profesionalidad y ejerciendo la faceta fundamental de un medio de comunicación: informar y formar a sus lectores. Una vez más, los farmacéuticos de Madrid se unen a esa felicitación unánime que estoy seguro la revista ACOFAR se merece. •

Alberto García Romero

Presidente del Colegio de Farmacéuticos de Madrid

 

 

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