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Artículos | En la puerta la espero, señora

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Puntualsenna

Decía mi abuela, al verme desocupado, que cuando el demonio no tiene otra cosa que hacer mata moscas con el rabo. Por el contrario, cuando el boticario está ocupado, y preocupado, genera tonterías.

Tengo un amigo, médico endocrino, que se llama Miguel Mingorance, cuya calidad profesional hace que su consulta esté abarrotada, entre otros, de obesos, dado su éxito como especialista en tratamientos dietéticos.

Lo primero que hace cuando un paciente se sienta y comienza sus quejas sobre su lucha contra la gordura es sacar del cajón de su mesa una foto de un campo de concentración nazi con la estremecedora escena de los famélicos judíos.

“¿Ve usted a alguno gordo? Pues ya sabe cual va a ser mi línea dietética. Prepárese a no comer”.

Este ejemplo, que tomo de mi amigo, lo utilizo para demostrar que intentar enmascarar lo obvio con ropajes eufemísticos roza lo patético, y en el caso al que me refiero lo cabreante.

El farmacéutico actual no genera tonterías por sí solo, sino que, pleno de miedo, se deja llevar por predicadores “imprescindibles” en conferencias, simposios y reuniones promovidas por entidades farmacéuticas y otros parientes y afectos que les mete en el coco, la mayoría de las veces, infinidad de conceptos estúpidos. Son generalmente especialistas de mercado y colaboradores habituales de la prensa salmón contratados por las “marcas”.

De ahí que se me ponga la carótida a pique de estallar cuando leo o presencio reuniones en las que se dicen cosas que dejo al justo análisis de mis lectores.

Verbigratia: En el III Congreso de Autocuidado celebrado en Madrid se dijo que son muchas las clasificaciones que se pueden hacer de las 22.000 farmacias españolas a tenor de la gestión empresarial que se haga en las mismas. Así, se distinguiría entre farmacias “clásicas” (el 85 por ciento de la red), en “transición” (10 por ciento) y “modernas” (en torno al 5 por ciento restante).

Sólo estas últimas pueden considerarse farmacias “que realmente tienen éxito comercial”. En las cerca de 500 oficinas de farmacia que pueden considerarse modernas, sus titulares trabajan, entre otras cuestiones, con un plan de gestión de unidades de negocio, un plan de marketing y exposición interna, formación activa de sus empleados, robotización del local e inventarios diarios. En el lado opuesto estarían las tildadas como clásicas, en las que “el marketing es considerado aún un gasto innecesario, no se cree en la venta activa y únicamente se estima como competencia a la farmacia de al lado”.

Pero hay más. Acorde con esta opinión, María Jesús Ariza, directora general en España de Alphega Farmacia, red virtual de farmacéuticos independientes europeos, también corroboró en esta mesa que “el éxito de una farmacia no depende de su ubicación (a estas alturas ya tuve que recurrir al hipotensor), sino que el mismo está en las manos de su titular”.

O sea que a base de lucha, imaginación e iniciativa, la farmacia de Pepe, ubicada en una vieja calle del caduco centro antiguo, casi deshabitado, de una capital de provincia, puede llegar a ser tan fructífera como la de Juan, que se encuentra frente por frente a un ambulatorio de, digamos, 10.000 usuarios.

¿Y si hablamos de la “auténtica” farmacia rural, la de aldeas que no llegan a los mil habitantes, en las que no se puede recurrir en esta huida hacia adelante que es vender, y enfatizo la palabra, productos que no son estrictamente fármacos, ya que sus posibles usuarios ni pueden adquirirlos ni cualitativa ni cuantitativamente hablando?

Quede claro que no exhibo ningún mensaje negativo que desdore la capacidad de lucha del boticario medio para potenciar su actividad, sino el de solicitar a la señora Ariza que me demuestre, y le doy para ello años, si es capaz con sus consejos que la botica de Villapana del Belloto con 700 habitantes, magistralmente gestionada, puede llegar a tener el éxito económico de la de los farmacéuticos con oficina en las Grandes Vías de las buenas capitales que por añadidura tengan una “fábrica de recetas al lado”.

En mis cortas entendederas en estas últimas se pueden practicar las llamadas ventas cruzadas, pero en la aldea, el cabrero no usa desodorante ni se lo puede permitir.•

 

Por la transcripción Pedro Caballero-Infante
caballeroinf@hotmail.es
@caballeroinf

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