Close Menu
Ferring

NO Mobile

Estás leyendo

Artículos | Fusiones en tiempos de crisis

Compartir

Cetaphil_PRO_Oil_Control

Cuando me hice mayor de edad, por consejo de mi padre, fiel cliente del afamado Banco Jones, abrí en él mi primera cuenta corriente que aún mantengo.

De un tiempo a esta parte esta entidad ha sido vendida a una Caja de Ahorros, Bandenalgas, que ha culminado la operación cerrando diversas sucursales y cajeros de la entidad original. Con esto de la crisis financiera han constituido una macrocaja, Caixaquiencaixa, que por el momento es la que administra y vela (yo estoy a dos) por mis cortos activos dinerarios (¿se dice así?).

También, al casarme y procrearme, constituí una sociedad (¿ven como todo se pega?) familiar y contraté un seguro de salud colectivo con una afamada compañía, Porsitepa. S.A. elegida gracias a la insistencia amistosa de su delegado provincial. Él mismo me llamó hace dos años diciendo que lo habían cesado en el cargo pero que antes había contactado con otra que lo puso en el mismo cargo. Debido a mi lealtad enfermiza me di de baja en la primera y me asocié a la de mi amigo que se llama Notepa S.A.

Esta última se ha asociado con otra pequeña, Nacional Asociativa De Activos (NADA) para constituir el grupo Notepa S.A.-NADA, con lo que tengo ampliada mi biblioteca con cuatro hermosos tomos correspondientes a los cuadros médicos de estas citadas compañías.

Los muy pillines han ido eliminando médicos generales, pediatras, analistas y más especialidades de sus listas porque aseguran la misma asistencia pero agregan en una letra muy pequeña que la mínima subida de mis recibos no es suficiente para pagar tantas pruebas que mis hijos y yo, que vamos creciendo en edad pero no en sabiduría, iremos requiriendo, aún habiendo firmado inicialmente una declaración jurada de que no somos hipocondríacos. Declaración que, según dicen, desgrava y disminuye en un 0,08% el recibo mensual.

Yo no estoy en contra de las fusiones ni de las infusiones, pero lo cierto es, como me comenta un compañero y amigo sobre lo que estoy escribiendo, motivo de una agradable charla con él, va siendo también aplicable al ámbito de la distribución farmacéutica.

Razona que, en este caso, dada la evidente y verdadera crisis por la que está pasando este importante eslabón de la cadena sanitaria, es casi vital que se produzcan estas absorciones.

Otra cosa, dice, es que las enturbien, con la más pragmática de las razones, las plataformas de compra. Me dice también que en su círculo más íntimo de amistades, en el que se incluyen varios sanitarios no farmacéuticos, terminan riéndose de él cuando intenta explicar a quién corresponde tanto acrónimo que casi ineludiblemente lleva implícita la sílaba FAR.

“O sea que Bancofar, Cecofar y Acofar… ¿van a fusionarse”. Entonces mi amigo, por enésima vez, intenta descifrar los crípticos nombres de las sociedades explicando que él trabaja financieramente con la primera, que es una entidad bancaria. Que se abastece de los medicamentos que dispensa en la segunda, que es una Cooperativa de distribución, y que lee y colabora alguna vez que otra en la tercera, que es una revista que edita…Y aquí ya no se atreve a seguir pues comienza a ver gestos de hastío por parte de sus contertulios.

Y de la absorción a la dispersión. Tengo amistad y contacto con compañeros de distintos puntos de España. Cuando, como es lógico, comentamos las distintas normas, reglas y precios de los diecisiete sistemas sanitarios de las mismas comunidades autónomas nos hacemos cruces. Parece, a veces, que pertenecemos a distintas galaxias.

Por todo ello me afirmo en  la frase que encabeza este diario y que me hace sentirme desvalido: “¿De quién soy yo?” •

Olegario
Por la transcripción: Pedro Caballero-Infante

Comparte esta entrada:

Angileptol. Al diablo con el dolor de garganta.

Suscríbete a nuestro boletín

close

Apúntate a nuestro boletín

Recibe en tu correo los contenidos más relevantes sobre el sector: