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Artículos | Hambre y despilfarro de alimentos y medicamentos

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Microcaya_Futuro

Toda esta trágica realidad se encuentra asentada sobre la contradicción y el contraste, pues el país más rico del mundo cuenta con 50 millones de pobres y 90 millones de obesos, y que según los especialistas bastarían unos 30.000 millones de dólares al año, bien administrados, para acabar con este hambre, la misma cantidad que gastan los norteamericanos en dar de comer a sus mascotas, y menos dinero de lo que este país invierte en tratamientos para adelgazar.

Del mismo orden de magnitud que el de hambrientos, mil millones son los kilos por día de alimentos los que se tiran al mar, se prensan en contenedores o se inutilizan con productos químicos como el azul de metileno a las puertas de los híper por temor a vandalismos o a que los denuncien por los recolectores de los mismos por si pudieran provocar toxiinfecciones alimentarias. Se hace pues necesario un cambio de comportamiento en cuanto a los hábitos nutricionales se refiere, porque a la postre estas prácticas, degradan el medio ambiente.

En las pesquerías y lonjas se desperdicia el 50% de lo recolectado con la excusa de que no tendrá demanda, que es de insuficiente tamaño o que va bajar el precio de salida en la subasta. De esta suerte se calculan que se van perdiendo poco a poco especies, pensándose que a mediados de este siglo XXI desaparecerán bastantes de ellas. También en la agricultura se calcula una pérdida del 50%, mucha veces condicionado para que los precios no se hundan.

A todo esto hay que sumar las estrictas fechas de caducidad o el 30% de pérdidas que la Administración de los países pudientes, que no ricos, desperdician por sus cálculos mal ajustados acerca del consumo en hospitales y comedores escolares. Los hoteles y las grandes superficies les siguen a la zaga.

 

 

¿Es preferible desperdiciar a dar? Igual sucede con los medicamentos y material de cura de nuestros hospitales y casas particulares. No existe por desgracia conciencia de reciclado o de ahorro, pues si paga la Seguridad Social, ¡ancha es Castilla! Persiste un cierto grado de analfabetismo entre la gente que cuando, por citar un ejemplo, el de las “culebrinas”, después de ser tratados con potentes y costosos antivirales, no tienen la paciencia suficiente para acabar el tratamiento y ver la mejoría, y acuden con premiosidad a curanderos/as que con un agua y unas oraciones, curan, cuando en realidad están colaborando sin saberlo al propio fin del ciclo vital del herpes, inventando solemnes eufemismos y bulos.

¿Por qué las multinacionales de la industria farmacéutica, salvo algunas excepciones que confirman la regla, no investigan más acerca de medicamentos contra las enfermedades tropicales? ¿Tal vez sea porque no le resultará rentable? ¿Por qué al igual que existe un banco mundial o el central europeo, no existe un fondo internacional dependiente de la OMS y de aportación obligatoria para los países miembros, en función de su renta, para fomentar la investigación de estos fármacos así como los adecuados para las enfermedades raras?

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Frente a estas situaciones de injusticia han surgido los movimientos inconformistas del friganismo y del de medicamentos para todos como rechazo a la sociedad consumista, de dar en vez de tirar en un mundo globalizado.

Tal vez hemos construido un aterrador mundo feliz en el que el hambre o la falta de alimentos sea un invento de la civilización y del desarrollo. Se permite que la mitad de la comida que se produce se tire y que gran parte de los medicamentos se inutilicen. Sin embargo nueve millones de personas mueren de hambre y desnutrición cada año y la mayor parte de los medicamentos, vacunas y material de cura no son accesibles.

No podemos sentirnos cómplices de esta situación, como estómagos satisfechos y espíritus convencidos de vivir en el mejor de los universos posibles.

Creo en la farmacia, en el pequeño trabajo con la pequeña gente, en la concienciación gota a gota, sembrando trocitos de esperanza en nuestros clientes y amigos y sabiendo que el medicamento es un bien inapreciable que hay que saber administrar y dispensar, y pienso que una de las carencias mayores hoy en día es la del cariño y la profesionalidad, y eso nos sobra desde la botica.

Al fin y al cabo, como dijo uno de nuestros patronos (San Frasquito de Sales): “No está siempre en nuestro poder hacer grandes cosas, contentaos con las pequeñas que se os ofrecen a cada paso, pero hacerlas con fervor y con amor”. No podremos arreglar el hambre en el mundo, pero si la mala administración de medicamentos. •

 

Fernando Paredes Salido
Doctor en Farmacia, Medicina y Ciencias Químicas

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