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Artículos | ¡Qué fácil es legislar desde los despachos!

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Durante estas fechas se celebraba (y aún se celebra) la fiesta del Domund, que todos mis lectores conocerán, y en la que los tiernos colegiales postulaban, hucha en mano, por las calles de sus respectivas ciudades.

Un chavalín, acercó su hucha a un castizo acodado en la barra de un bar y éste le preguntó que para qué era la colecta; al contestarle la criatura que el dinero era para los negritos el hombre le espetó:

-“¿Dinero para los negritos? Pues será para comprar gasolina”.

Ahora ciertos dirigentes nos quieren hacer, a los farmacéuticos, colectores del Domund sanitario. Me lo estoy viendo venir. Un diálogo parecido.

“¿Pá la crisis? Será pá la de su casa porque yo ya he pagao lo que tengo que pagá”.

¡Qué fácil es legislar desde los despachos!. Lo he escrito muchas veces y no me cansaré de repetirlo. Los boticarios que estamos a pie de mostrador somos los muñecos del pim pam pum o si mejor lo quieren los patitos del tiro al blanco.

No quieran ver en estas líneas ningún análisis político ni económico sobre el copago, los recortes presupuestarios, ni nada referente a temas que, como mis lectores saben, ni me gustan, ni son de mi incumbencia.

Sólo quiero hacer hincapié en que estamos hartos de ser los profesionales sanitarios que siempre, y en primera instancia, damos la cara para que, en la mayoría de los casos, nos la partan.

Recordemos el tema de los genéricos. Difícil, sin haberlo sufrido en sus carnes, que alguien sepa la lucha titánica que hemos librado  para conseguir convencer a tanto paciente de la igualdad del nuevo formato del medicamento.

Para más INRI,  hemos hecho disminuir el gasto farmacéutico fomentando la prescripción por principio activo que, si en su momento tuvo una contrapartida económica y de prestigio, hoy con la propuesta, en alguna autonomía, de la subasta de moléculas también desbaratan lo anteriormente reseñado intentando disminuir el beneficio económico, y de prestigio, que la medida tenía.

Es puro agotamiento el que cada día sufro cuando subo el cierre de mi Farmacia. ¿Se puede trabajar en un ambiente de permanente inseguridad ambiental?. ¿Se puede tener algún tipo de estímulo cuando no sólo, como a la mayoría de ciudadanos, se les congela sus ingresos sino que, como en nuestro caso, vemos los nuestros progresivamente disminuidos por recortes, decretos, normativas y burocracia?

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Hemos adaptado nuestras boticas a las nuevas tecnologías sin que la administración no haya dado un solo euro, ni siquiera unas ayudas. ¿He dicho ayudas?. Que nos pregunten de qué forma hemos sido abandonados ante los impagos que tan sólo la gestión corporativa ha podido ir, mal que bien, resolviendo, con el otro monstruo de las galletas que es la banca.

De esta forma, con este ánimo ¿se puede hacer atención farmacéutica?. Pues aún así seguimos haciéndola y poniendo buena cara al mal tiempo en forma de paciente que no llega precisamente a un bar de copas sino a un maldito mostrador que esta empapado de lágrimas y penas.

 No olvidemos que nosotros, los boticarios, atendemos, en el noventa por ciento de los casos, a personas dolientes que a su  patología somática añaden problemas personales y los de su entorno que vuelcan con quien ven más accesible: el farmacéutico.

Pues bien; ahora nos tienen en el punto de mira para que, tras toda esta ingrata labor, les pongamos una huchita delante y el paciente vuelva de nuevo a  marcharse con mal sabor de boca de nuestras boticas pensando en que somos unos nuevos recaudadores de impuestos.

No sé si será permitido o muy ético pero de realizarse esta propuesta me estoy planteando contratar al negrito que vende pañuelos en la cercanía de mi Farmacia para que sea el portador de la hucha y que con su lenguaje macarrónico le explique al paciente lo del copago.

Seguro que lo hace mejor que el político de turno. •

 

“Olegario”

Por la transcripción: Pedro Caballero-Infante

caballeroinf@hotmail.com

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