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Artículos | La Administración ha ignorado sin más a sus legítimos representantes como son la Asociaciones Patronales

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Desde entonces han ocurrido muchos acontecimientos en torno a la farmacia como empresa y a los farmacéuticos como profesionales de la salud, sin embargo, de un tiempo a esta parte, concretamente desde el infausto año 2000, sobre todo, nuestra economía ha sufrido la degenerativa incapacidad de sucesivos gobiernos de poner orden en el caos de los gastos e ingresos públicos.

Tampoco es cuestión ahora ni de abrumar ni de aburrir con datos sobre la evolución de lo que han sido la contribución, en forma de aportación de las Oficinas de Farmacia al Sistema Nacional de Salud, no obstante, como poco, hay que destacar que desde el año 2000 hasta el 2010, anualmente, estas cantidades  han podido llegar a alcanzar entre un 3 o un 4% anual de la facturación, que es mucho dinero y mucho margen lo que supone, pero de los euros que se cotizan de verdad, no como  lo que ha ocurrido con otros que amagan, amagan y al final, esquivan.

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No podemos apartar la vista de lo que hoy es la Oficina de Farmacia, como una pequeña empresa que, a poco que se produzca la más mínima desviación presupuestaria, necesita activar las alternativas correspondientes que busquen compensar las consecuencias y los efectos de determinadas conductas o decisiones inapropiadas de la Administración para así entonces que los usuarios no aprecien alteradas las características del servicio que proporcionamos.

Sería muy conveniente que entre todos fuéramos capaces de procurar, por razones evidentes, que la Oficina de Farmacia, responsable y garante de la prestación farmacéutica de la sociedad, no se viera azotada por ciertos avatares económicos, ajenos a lo que es la protección de la salud en el estado del bienestar actual.

A lo mejor, ha llegado el momento de reflexionar, en profundidad y desde el rigor de la realidad, sobre el sistema que nos podemos permitir, ajustándonos a nuestra posibilidades porque  lo que es insostenible es insostenible, por mucho que nos empeñemos en tirar del bolsillo de unos cuantos. Alternativas hay (copago, céntimo sanitario, revisión de las aportaciones,…) pero políticos que se atrevan, no.

Lo que es una situación cierta, es que a la Oficina de Farmacia, con todas las iniciativas que se han venido impulsando en cuanto al gasto farmacéutico, le queda el margen de maniobra que genera una constante y exponencial coyuntura de caída de ingresos y crecimiento de gastos, es decir, cada vez menos.

Bien está el que España se encuentre en una gravísima crisis de situación económica de impacto y características desconocidas hasta ahora y que  el conjunto de españoles tengamos que arrimar el hombro, pero es que nosotros, los farmacéuticos, estamos convencidos que la parte alícuota de solidaridad que le debemos a nuestro país, ha sido más que satisfecha y por supuesto que, sin querer eludir cualquier tipo de esfuerzo añadido por motivos sociales ineludibles, entendemos que ha llegado la hora que también den un paso al frente, los que no lo hayan hecho ya.

Lamentablemente la tendencia para el 2012, camino va de ser la que durante todo este tiempo de atrás hemos sufrido casi en silencio, el gran problema es que pese a cada uno de los valores que son muchos y además suficientemente constratados del modelo mediterráneo de farmacia, al final lo que deriva hacia una dirección u otra, son los recursos disponibles, es así, y desde esta argumentación intencionadamente economicista, nuestra posición estará siempre en inferioridad de condiciones, hasta el límite de la dignidad profesional o la integridad empresarial.

Claro que la tragedia ha llegado a adquirir, incluso, tintes de comedia al haber venido contemplando, un tanto atónitos, como reiteradamente la administración, con el beneplácito de la corporación, a la hora de concertar cuestiones exclusivamente económicas de la farmacia, ha ignorado sin más a sus legítimos representantes como son la Asociaciones Patronales, de identidad y contenido absolutamente empresarial.

Pese a quien le pese el asociacionismo empresarial farmacéutico es una realidad incuestionable y pretender sustraer nuestra representatividad, no supone, sino usurpar al farmacéutico su propia voluntad y su propia capacidad.

Lo que es obvio y evidente, y es una reflexión que debíamos de plantearnos todos los que de una manera u otra asumimos algún tipo de responsabilidad en la defensa de los intereses de las Oficinas de Farmacia, es que nuestro actual sistema de representación colectiva, vistos los resultados conseguidos, tendría como poco que empezar a intentar ser más eficiente a la hora de promover los argumentos frente a los que nos gobiernan.

Los farmacéuticos, sobre todo los propietarios de farmacia, hemos ido escribiendo la historia de nuestra profesión a base del esfuerzo que ha supuesto estar siempre al lado de la sociedad y de su propia transformación.

Fieles testigos de tal camino han sido algunas otras revistas como ACOFAR que durante cincuenta años ha sabido conquistar número a número el reconocimiento, la consideración y el cariño del colectivo farmacéutico.

Son muchas publicaciones las que vemos nacer con la loable vocación de permanencia pero son muy pocas las que perduran tanto en el tiempo como ha hecho ACOFAR, sin renunciar a la propia identidad que imprime el sentimiento cooperativista con el que hemos crecido bastantes generaciones de farmacéuticos.

El que la cooperación no se imponga sino que simplemente se proponga, no deja de ser sino una filosofía de vida, de la que se comulga desde la convicción de compartir objetivos y destinos característicos y propios de una misma actividad empresarial a la vez que profesional.

Así esta veterana publicación y sin embargo renovada en cuanto a la ilusión por el futuro, ha sabido llegar a convertirse en un destacado referente de vínculo entre los farmacéuticos, han pasado 50 años ya desde sus comienzos, y estamos seguros que volverán a pasar otros 50 y ACOFAR seguirá estando donde se encontraba ayer, donde se encuentra hoy y donde se encontrará mañana, al lado de todos nosotros. •

Alexia Larios

Presidenta de Adefarma

 

 

 

 

 

 

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