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Artículos | La reproducción asistida, un hecho dentro de la historia contemporánea

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Hasta hace escasos 30 años, la única posibilidad de tener un hijo para parejas infértiles era la adopción, considerando como criterio de infertilidad, el no-embarazo tras un  año de relaciones sexuales de la pareja entendidas como normales.


Actualmente se consideran elementos condicionantes para esta infertilidad, entre otros, la disminución de la calidad de los óvulos por la edad (27 años es lo ideal), así como el descenso de la calidad del semen, asociado, por ejemplo, al aumento de la obesidad y a factores medio-ambientales.

En 1978 fue Louise Brown la primera “niña probeta” del mundo, concebida “in vitro”: en 1980 fue Candice Reed en Australia, seguida en 1981 por Elisabet Jordan en EEUU y muchos/as más en el mundo hasta hoy.

En 1996 la famosa oveja Dolly fue el primer mamífero clonado a partir de una célula adulta de la glándula mamaria fundida con un óvulo anucleado.

Al principio se utilizaba la inseminación artificial con las ventajas aparejadas de su sencillez y bajo costo, pero con el inconveniente manifiesto de su escasa eficacia.

 Actualmente es la fecundación “in vitro”  la más utilizada, acompañada de la transferencia de embriones y  precedida de la estimulación ovárica y de  la fecundación, con sus inconvenientes de hiperestimulación ovárica y de embarazos múltiples.

En 1984 aparece en Australia la primera ley de reproducción asistida, a la que seguirían otras en diferentes países, entre ellos España, con más o menos aciertos y desaciertos, pero que daban un marco legal de amparo jurídico a estas operaciones, apareciendo en los años 90 el diagnóstico genético preimplantacional que permite desechar embriones no idóneos.

Asistimos a fenómenos insospechados hasta ahora y que parecen propios de ciencia-ficción al seleccionar óvulos de mujeres jóvenes que por razones económicas y de trabajo, entre otras, no quieren quedarse embarazadas, y que años más tarde, salvadas estas circunstancias, pueden concebir a su hijo incluso menopáusicas o ancianas, como en 1994 en el que una señora de 62 años tuvo un hijo gracias a un óvulo donado, que fue fecundado con el esperma de su esposo.

A todo esto hay que añadirle la descollante e imparable “Farmacogenómica”, que diseña los medicamentos a la carta, lo que hace a estos tiempos subyugantes desde el punto de vista científico y polémicos desde el punto de vista moral. Estas épocas de cambio, son, a mi juicio, cambios de época.

También las mujeres a las que se les diagnostica cánceres y otras enfermedades graves, y que gracias a la congelación de los embriones se les permite retomar el proceso reproductivo una vez libres de las mismas.

Se calcula que en nuestro país hay actualmente del orden de 50.000 embriones congelados, siendo  el que está a la cabeza de los europeos en recepción de los mismos, de suerte que ya se habla de “turismo reproductivo”, siendo la legislación a juicio de muchos analistas muy laxa en algunos aspectos.

Otro problema que está encima de la mesa es el referente a las madre con útero de alquiler como el caso de Kim Cotton en Inglaterra en 1985, madre de dos hijos, que firmó un contrato de subrogación de maternidad para llevar a cabo la gestación de un óvulo de otra mujer  previamente fertilizado e implantado mediante la técnica descrita de transferencia de embriones.

Por esto recibió 6.500 libras, cantidad igual a la percibida por la agencia intermediaria que gestionó la operación, a los que le siguieron otras 20.000 libras por vender la exclusiva a un periódico, lo que levantó una gran polémica.

Es cierto, como afirmaba el boticario D. Hilarión en nuestra Verbena de la Paloma que: “hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad”, pero llegado a este punto, se le ha de permitir a este articulista la inquietud y la tristeza como animales de compañía en estos nuevos tiempos, en esta nueva etapa que ya ha comenzado. •

 

Fernando Paredes Salido

Doctor en Farmacia, Medicina y Ciencias Químicas

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