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Artículos | La Torre de Babel. Por Pedro Caballero-Infante

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Puntualsenna

Los que utilizamos los espacios muertos, guardias por ejemplo, para leer prensa escrita o digital hemos llegado a un momento en que no sabemos dónde estamos, quién nos apoya, quién nos pone piedras en nuestro camino o quién coño nos maneja.

No me gusta la política, mis lectores ya lo saben, pero es tan necesaria como el cerdo en la gastronomía que, como dice un amigo especialmente sardónico, es una animal del que nos gusta todo pero no nos acostaríamos con él.

El mismo amigo dice, separado él, que cuando era más feliz le sorprendió el matrimonio. Cuando los farmacéuticos éramos razonablemente felices nos sorprendieron las autonomías. Digo esto porque tengo la inquietud de “bichear” por todos los periódicos digitales que se publican en el, hasta ahora, llamado territorio español haciendo especial hincapié en las noticias relacionadas con el mundo sanitario.

Refiriéndome a nuestra profesión: ¿Qué directrices seguir?. Ateniéndonos a un ejemplo reciente, reiteradamente dado como noticia en todos los periódicos (les recuerdo que yo escribo dos meses antes de que mi Diario se publique, concretamente este en Octubre) tenemos dos disyuntivas de importancia como son la vacuna de la varicela y el copago de los medicamentos hospitalarios.

Hay noticias sobre estos  dos asuntos que son totalmente antitéticas según el órgano de difusión que las publica en distintas comunidades. Una protesta por el desabastecimiento de este medicamento en las Farmacias y su necesaria administración en los menores de 12 años y otras que dicen todo lo contrario. Otra, sobre el copago, se indigna con ella y por el contrario en otra, llámese una consejera de Salud de una Comunidad, apuesta por este sistema y alaba la decisión del Gobierno central.

En este caso el lector tiene que irse al origen del medio que ha publicado la noticia. No tiene que ver nada, por ejemplo, “El Heraldo de Aragón” con “El Ideal de Granada”. ¡Qué pérdida de tiempo y qué agotamiento!.

Es cómo calificar de antemano al paciente que entra en mi Farmacia. Si lleva bajo el sobaco “El País” ya presumimos su ideología versus al que lleva “El Mundo”.

Como intento, ya lo he dicho, despolitizar mi forma de ser, cosa que los forofos politicastros desprecian, me quiero centrar en el tema de la dispensación y cobro del copago en la Farmacias Hospitalarias.

Ya determinadas autonomías, (esto lo leerán en Diciembre) pasado el 1 de Octubre, fecha fijada por el Ministerio como de obligado cumplimiento del copago hospitalario, se han negado a cumplir esta medida.

Medida que da la ídem de cómo se decreta en este país. Creo que los políticos han aprendido de nosotros lo de ¡hágase según arte!. Lo de Forges: “¿qué no hay quórum?. ¡que lo traigan!”.

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Aparte bromas, que las escribo para endulzar algo muy cruel, es necesario recordar que lo del copago hospitalario es algo en lo que entra lo más duro en la vida de un individuo cual es una enfermedad difícil de curar y el aviso de la parca.

Se puede, aunque no se deba, recortar en medicamentos que pueden ser prescritos para enfermedades circunstanciales e incluso más o menos soportables, pero en las que hay que administrarlos ineludiblemente, como las que antes he referido, es extremadamente cruel.

Y observen mis lectores que aún no he hecho referencia al mensaje subliminal de estas medidas que no es otro que ir socavando cada vez más las competencias de la oficina de Farmacia.

El respeto que me merece  la Farmacia Hospitalaria creo que no admite dudas para los que me leen o conocen pero cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa.

Los que nos dedicamos a estar detrás del maldito mostrador llevamos innumerables años preparados para dispensar, aconsejar y…¡cobrar! los medicamentos prescritos para las diversas enfermedades mientras que el farmacéutico hospitalario en buena connivencia con los médicos, demostrada en las habituales sesiones clínicas, tienen su labor en el consejo a éstos y la dispensación de lo prescrito por ellos intrahospitalariamente.

¿Y ahora qué?.  ¿Se imaginan a un farmacéutico de hospital dispensando a través de una taquilla un medicamento para el tratamiento ambulatorio de un cáncer oyendo las protestas que para nosotros, pobres farmacéuticos de botica, están a la orden del día aguantando el chaparrón y después del aguacero poniendo la manita para cobrar?.

Quizás lo único positivo es que estos valorados compañeros supiesen lo que desde hace años  sufrimos los “boticarios de oficina” que vivimos de unos márgenes y no de una nómina.

Y es que: ¡todavía hay clases! •

 

Olegario
Por la transcripción:
Pedro Caballero-Infante

@caballeroinf

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