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«¿Y qué lobo gana?», preguntó el nieto, que escuchaba con atención las explicaciones de su querido abuelo. El anciano sonrió y le respondió: «Muy sencillo, el que tú alimentes».

La vida está llena de dicotomías, de decisiones que debemos tomar a diario. Y como relataba el sabio indio a su nieto, en nuestro interior ambos lobos pugnan por llevarnos a su terreno. Escuchar a uno u a otro no es baladí. Evidentemente, cada decisión que tomamos acarrea una consecuencia. A veces pequeña, otras importante, en ocasiones trascendental.

La farmacia española tiene dos lobos tratando de llevarla a su terreno, al menos en lo que a su vertiente más económica se refiere. España ofrece la mayor capilaridad en el sistema de asistencia farmacéutica de toda Europa, presumiendo con orgullo de los ratios de población más bajos. Esta ventaja para el usuario del sistema tiene, no obstante, un precio para las oficinas de farmacia, en especial para las situadas en los capilares más finos, tal y como se reconoce en el RD9/2011 con las ayudas VEC. Es por ello que muchos meses el farmacéutico debe ponerse el traje de contable (o incluso el de ilusionista en algunas ocasiones…) para conseguir cuadrar los números. ¿Qué valora el farmacéutico en este proceso?

 

 

Por un lado están las ofertas de los laboratorios. Todas las semanas hay alguna llamada a las oficinas de farmacia por parte de laboratorios, o directamente visitas de comerciales ofertando sus productos en unas condiciones muy ventajosas, tentando con regalos, etc. Eso sí, solicitan un “quid pro quo”, un pedido mínimo o similar condición para rentabilizar su esfuerzo, pues si no es rentable no es posible. Es, si me permiten la licencia, como la canción de Mojinos Escocíos, en la que un paciente le pregunta al médico cuánto le debe por la consulta. «200 euros», le indica el facultativo. Entonces el paciente pregunta cuándo tiene que volver a la siguiente revisión, a lo que el médico le responde que «cuando tenga otros 200 euros».

Por otro lado se encuentran las cooperativas, que ofrecen un servicio a las oficinas de farmacia sin apenas condiciones, sirviendo con la misma eficacia y procurando la misma atención al pedido de una cubeta que al de una docena. Permiten con su actuación diaria que el acceso al medicamento sea posible tanto para el ciudadano de la capital como para el habitante de la aldea más remota, tanto para el medicamento de unos cientos de euros como para el de unos pocos céntimos. Pídelo y en breve tienes una cubeta entrando por la puerta de la farmacia, podría ser el lema.

¿Cuál es el lobo que más le conviene alimentar a la farmacia? Evidentemente, es una decisión personal de cada cual. La capilaridad del sistema en cuanto a accesibilidad al paciente, también la tiene en variabilidad en cuanto a características individuales de sus miembros. Cada oficina de farmacia tiene sus cifras, su ubicación, sus problemas… Hay que valorar muchas cosas: costes, logística… Tal vez una de las más importantes sea cuál de esos lobos cuida mejor y se preocupa más por el actual modelo de farmacia, del que tanto podemos presumir en este país. •

 

Daniel de María

Farmacéutico comunitariO

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