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Artículos | Mensaje admonitorio sobre la crisis actual

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Enumera diversas frases como las siguientes: «Si hemos de confiar que la actual juventud sea la que, en un futuro, nos dirija; mal se nos plantea el porvenir».

Otra: «El dispendio y la adoración al dinero son en la actualidad los vellocinos de oro a los que la sociedad venera».

La sorpresa está en que, tras la enumeración de cinco aforismos de este tipo, el mensaje termina diciendo que estas máximas fueron dichas o escritas por personajes tan antiguos como categóricos. A saber: Heráclito, Sócrates, Heteredoto o Séneca.

¿Qué pasa pues que dicen en Lequeitio?: Que el mensaje pesimista se convierte en optimista al comprobarse que lo que se quiere transmitir  es el conocido aforismo: «Nihil novum sub sole»..

He escrito alguna vez que haciendo periódicas limpiezas de mis innumerables revistas farmacéuticas  he llegado a leer titulares de hace más de treinta años, tales como: «La Farmacia toca fondo» o bien: «Nuestra profesión al borde de la desaparición».

Y no digamos de tiempos anteriores donde ya existía un amenazante R-64 que, para quien no lo conozca, que ya es mayoría, lo voy a explicar.

Cuentan provectos compañeros, que vivieron  los hechos, que la génesis de esta medida, consistente en la reducción del margen comercial según una escala de precios que hacía que (escribo de memoria referencial) los específicos que rebasaban las quinientas pesetas  redujeran su margen hasta casi la mitad del oficial, fue la siguiente.

Dirigentes farmacéuticos de la época fueron citados por el Ministro correspondiente para razonarles el porqué de la «rebaja». Cuando estos mostraron su indignación, el prócer llamó a su ordenanza y  le dijo a los comparecientes: «Si yo mando a este señor a la Farmacia de abajo a comprar medicamentos por un precio superior a mil pesetas y le pido un descuento al farmacéutico, ¿ustedes me aseguran que éste no lo hará?. ¿Quieren que hagamos la prueba?».

Se hizo un gélido silencio que aprovechó el Ministro para agregar: «Si estamos hablando de mil pesetas, ¿Qué me dicen de su cliente principal que es la Seguridad Social?»

Parece ser que los dirigentes caláronse los chambergos, envainaron sus espadas, fuéronse y….  ahí quedó para la historia el R-64 que sería el pródromo de otro posterior.

Creo que en mi vida profesional habré repartido entre mis pacientes miles de octavillas en las que se les auguraba una desatención farmacéutica, ora por disminuciones de márgenes, ora por el retraso en el pago de nuestras facturas mensuales.

Por cierto, y aprovecho esta ocasión para comentarlo, que nunca, al menos en mi caso, recibí ayuda ni comprensión por parte de mi público al que tanto quiero y tanto me quiere. Por el contrario en cierta ocasión, y esto es verídico, un malencarado individuo con una garrota en la mano me dijo, tras leer la octavilla, que ese era mi problema pero que él pagaba la Seguridad Social y a ver si yo, cuando él llegase con sus recetas, tenía «bemoles» (lo dijo sin eufemismo) de no darle sus «medicinas».

Puedo dar cifras y datos de cómo en muchas ocasiones han retrasado los pagos y, en última instancia, tan sólo pagarnos a los tres meses el porcentaje de una factura..

Yo tenía, ya que eran mis inicios en la profesión, que recurrir a la benevolencia, en forma de créditos personales o hipotecarios, que se sumaban a los que ya había firmado para pagar la instalación de la botica, para sobrevivir.

No quiero que se me interprete mal este recorrido sinóptico por la historia más reciente de nuestra profesión, ni decir que, amparándonos en el pasado, debamos actuar de una forma aceptadora y displicente sino abogar por lo que se dice en el título: «¡Que no cunda el pánico!»

No hay nada peor en un cataclismo que la pérdida de la serenidad. ¡Cuánto muerto ha podido no serlo si en un incendio, pongamos por caso, se hubiese guardado un cierto orden en el  desalojo del lugar incendiado!.

Así que no nos empujemos fidelizando, por ejemplo, de forma indigna e insolidaria al usuario y marchemos en fila para salir ilesos de este incendio que nos han provocado.•

Olegario

Por la transcripción: Pedro Caballero-Infante

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