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Artículos | Para lelos. Por Pedro Caballero-Infante

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El DRAE define al lelo como tonto o aturdido. La segunda acepción me parece muy suave para lo que quiero comentar en mi diario. Qué pena que el citado Diccionario no contemple la figura del tonto-listo que es al que quiero hacer referencia.

Cuentan esto de un prócer, soberbio de carácter, que siempre estaba haciendo exhibición de todo lo positivo de su persona y entorno. Tenía tres hijos, dos varones provechosos y una hija casquivana y adúltera.

Decía: “No puedo menos que dar gracias a Dios por la maravillosa descendencia que me ha dado. Antonio y Luis, mis hijos, ya lo veis: uno notario y otro arquitecto de los mejores de España. Pero como no todo es completo sufro la pequeña pena de tener un yerno un poquito cabrón”

¿Qué quiero decir con esto? Pues algo así como la botella medio llena o la botella medio vacía.

Los farmacéuticos hemos sido tachados toda la vida de auténticos ricachones a los que la sociedad, más que enfatizar en esto último, hacía hincapié en nuestra “baja actividad”: “El tío por coger la cajita de la estantería y dármela se ha metido en el bolsillo, tan ricamente, 60 euros”.

En la actualidad no creo quede, en estas tristes circunstancias, algún necio que piense que nuestra profesión tenga esa imagen. Quizás algún resentido pueda acusarnos de perezosos y libérrimos trabajadores pero nadie, repito, a estas alturas, puede echarnos en cara la boyantía de, como ellos dicen, nuestros negocios.

Que estemos dispensando fármacos de constante rotación a precios de chucherías manteniendo una red sanitaria con nuestras boticas es perder el dinero por muy malos ojos y muy mala leche con los que nos quieran ver.

Pero hay algo en que desde tiempo inmemorial la opinión pública estaba en total acuerdo: nuestra honradez y transparencia. Salvo casos excepcionales,  tratándose además de que somos pequeños empresarios, raro es que los farmacéuticos hayan salido en los medios de comunicación como defraudadores del fisco o estafadores.

Y cuando estábamos en esta bien ganada consideración social, limpios de polvo y paja, aparecen unos lelos listillos (los tontos listos) que descubren la pólvora comerciando ilegalmente con los medicamentos.

Hasta hace bien poco las exportaciones paralelas no eran conocidas por la inmensa mayoría de la ciudadanía media; si acaso el entorno más íntimo del descubridor: farmacéutico fronterizo que pertrechado de bastón y mochila traspasaba la raya aduanera y se sacaba, con tan poco ortodoxo sistema, un sobresueldo bien acogido por su familia y amigos.

De esta precoz idea explotó un “negocio” que ya ha llegado a cotas donde las autoridades pertinentes han tenido que entrar a saco y lo que es peor, y vuelvo a mi obsesión, traspasada la intimidad de los “trapos sucios” para llegar a la opinión pública.

Como dice Antonio Abril, Presidente de la patronal de mayoristas Fedifar: “este tipo de prácticas daña al sector y a la imagen que desde fuera se tiene de él”. Esto lo manifestaba en “Correo Farmacéutico”, publicación de uso exclusivo en Farmacias, y desde que se desmadró este escándalo, se acabó con lo que de alguna forma todo quedaba en casa.

Pero lo grave es que, desde hace días, de este espinoso e incalificable escándalo se han hecho eco la prensa, la radio y la televisión. La cosa es grave. Me indigna leer en un suplemento dominical todo un documentado reportaje, infografía y cifras incluidas, en donde se explica pormenorizadamente esta práctica.

Yo puedo estar tieso, de hecho lo estoy, cual la garrocha de un picador, pero nunca saldré, argumentando que nos están asfixiando, para atracar una joyería.

Que hagamos compras conjuntas, nos beneficiemos de ofertas utilizando farmacias familiares o amigas, me parece lógico porque el hambre aprieta y no es exageración, pero que determinados compañeros, mejor dicho: de la misma profesión…(¡qué leche compañeros!) se estén beneficiando, en aras de la crisis y a costa de manchar mi honradez y la muchos, no lo soporto y lo denuncio desde aquí.

Y les digo que para lelos ellos y no los que luchamos por nuestra dignidad sobre todo en estas tan críticas circunstancias.

Años de dignidad y honradez empañados por estos lelos no es de recibo, porque lelo es, además, el que piensa en el euro diario sin prever en los cinco de reputación que los honestos hemos ganado gracias al esfuerzo de nuestras costillas morales. •

 

Olegario
Por la transcripción:
Pedro Caballero-Infante

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