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Y de repente se hizo el silencio. No es que en jornadas anteriores hubiera reinado la algarabía, pero justo es reconocer, y quien diga lo contrario que tire la primera piedra, que una conferencia, charla o ponencia enmarcadas, o no, en una mesa redonda son proclives, en algún momento, al vahído mental o a la breve conversación bisbiseante con el compañero de al lado.
Este impresionante sigilo, al que hago alusión, tuvo aún más valor al tratarse de las postrimerías de un intenso Congreso Internacional. Me estoy refiriendo al celebrado el pasado mes de Febrero en Sevilla dedicado a los Medicamentos Huérfanos y Enfermedades Raras y organizado por el Real e Ilustre Colegio Oficial de Farmacéuticos de la Provincia,  generador del mismo, con la colaboración de la Federación de Enfermedades Raras y las Fundaciones Mehuer y Feder. Amén del patrocinio generoso de empresas, organismos y otras Fundaciones y Colegios.
Las jornadas vividas y potenciadas por la presencia de afectados y parientes ya nos habían puesto ojo avizor con las apoyaturas fílmicas que nos retrataban enfermedades y situaciones no habituales. Todo ello explicado científicamente por los diversos especialistas intervinientes en las sucesivas mesas redondas.
El ángel que pasaba, produciendo el silencio aludido, volaba sobre un especial ponente padre de un niño de cinco años afectado de una enfermedad rara asociada a un déficit neurosensorial. Hasta aquí era lo que se leía en el programa de mano entregado a los congresistas, pero otra cosa fue cuando el conferenciante, doctor en Veterinaria, comenzó, power-point incluido, a relatar el calvario que tuvo como inicio el nacimiento de un bebé, su hijo, ciego y sordo.
El relato de una lucha sin cuartel para sacar adelante un niño al que calificó en su nacimiento, además de su ceguera y acusia total, como un muñeco de trapo blando, nos hizo sentir  un calambre físico y mental que se hizo mayor cuando el padre y conferenciante no pudo reprimir su condición primera y con voz entrecortada tuvo que pedir perdón entre sollozos por la leve interrupción.
La cosa no quedó aquí, sino que tras un aplauso que intentó atenuar y dar respiro al singulto del orador, se produjo un coloquio en el que dos madres mostraron su emoción y solidaridad con el padre y sanitario. Una de ellas, también con voz sollozante, comentó que su hija afectada había fallecido hace poco, a los ocho años. Aumento obvio de la emoción y el colofón de la segunda que intervino, más serena, con una reflexión que transmito en mi Diario.
Dijo: “estos testimonios han de ser llevados personal y reiteradamente a los políticos para que tomen conciencia personal de que ellos también son humanos y pueden verse afectados por todo lo que hemos visto y escuchado aquí. No cuento mi historia porque es igual a la que otras voces han declarado antes. Gracias”.
Una forma de supervivencia del ser humano es no pensar que él puede ser la víctima en algún momento de su vida. Quien conduce un coche siempre cree que el accidente le ocurrirá a otros, nunca a él. Pero esta reflexión es para el ciudadano medio, no para los políticos que tienen la obligación de empatizar permanentemente con el ciudadano sufriente.
No valen las estadísticas. Un desahuciado de su casa no es un número porcentual, es el cien por cien de un problema dramático y acuciante.
De ahí el mérito del Colegio de Farmacéuticos de Sevilla promotor de estos Congresos que, con el que comento, alcanza su VI edición.
La presencia de la Princesa de Asturias, logro que una vez más hay que apuntárselo a la organización, no fue un simple protocolo, sino un toque mediático y emocional para que este ilustre personaje pudiese estar al lado de las personas afectadas.
Por ello quiero aportar mi grano de arena y hacer llegar desde mi diario un mensaje a los compañeros de toda España que, aun no presentes, sé de su solidaridad con estos eventos. Para que se sientan orgullosos de que nuestro colectivo, tan maltratado, lejos de achicarse en un reducto defensivo sale a la palestra y da a saber a la opinión pública que todas y cada una de sus Farmacias son puntos de encuentro, como se dijo también en el Congreso, para dar la voz de alarma y ser apoyo de estas familias tan cruelmente tratadas por la vida. •

 

Olegario
Por la transcripción:
Pedro Caballero-Infante

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