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Artículos | Patrimonio de la humanidad

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No cabe duda que el ser humano, en general, se siente arraigado en las entrañas de su propia tierra, con caracteres inequívocos de identidad. En el caso de Australia no me refiero a la identidad que proporciona el canguro o los koalas. El pensamiento, sujeto al arraigo, es más sutil y busca la parcela más etérea de nosotros mismos. Durante mi estancia, ya muy lejana en tan distante tierra, la radio, alguna vez, transmitía flamenco.

Recientemente ha muerto un gran intérprete del cante flamenco, aunque también derivó hacia otras músicas: Enrique Morente, natural de Granada. También recuerdo ahora, aunque la época es aún más distante, mi etapa de estudiante de farmacia en la ciudad de los cármenes. Un grupito de alumnos del colegio mayor organizamos algo parecido a una peña flamenca. Procedente de mi Sevilla natal, me llamó la  atención la afición y el fervor hacia el cante flamenco desparramadas por todos los rincones de la ciudad. Allí ya estaba un joven llamado Enrique Morente. Tengo que confesar que al concluir el segundo curso de carrera recibí un pequeño premio: ¡me compré mi primera antología flamenca!; todavía la conservo. También, con añoranza, mi etapa de contertulio flamenco en una emisora sevillana.


guitarra

 

Recientemente, el Cante Flamenco (con permiso de la Real Academia, utilizo aquí la mayúscula de relevancia) ha sido reconocido por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Una expresión musical, de las más originales que ha creado el ser humano, justamente reconocida por tan prestigioso organismo internacional. La magnitud de ser declarada como patrimonio inmaterial es, por sí mismo, un valor inconmensurable que trasciende y se engarza directamente en el entramado de las esencias inmanentes y telúricas. Cuando la guitarra da paso a la voz, el instrumento musical más completo y versátil que se ha inventado (¡madre naturaleza qué prodigio!), por seguiriyas, soleares, bulerías, tangos, tientos, etc., el resto de los seres creados, incluido el humano, enmudecen y se elevan hacia el espacio etéreo. Con harta frecuencia, estremecedor y sobrecogedor el baile flamenco, tal vez la expresión más bella y más completa porque concentra los tres pilares básicos: cante, toque y baile

Un lugar, una tierra, una historia: Andalucía es la protagonista misteriosa de tan insólita creación humana. En otro lugar (revista Sevilla Flamenca) escribí hace tanto tiempo que no merece la pena inventariarlo: «Andalucía es tierra de creaciones y misterios en la que a veces ambos conceptos se superponen, para hacer que el observador no sepa si la creación es un misterio o éste se transforma en un acontecimiento creativo.  Tal sucede con otro de los valores supremos de Andalucía: el Cante Flamenco». Como dejó dicho otro gran intérprete del flamenco, también recientemente desaparecido, y extraordinario amigo, Luís Caballero Polo, «el Cante es el sentimiento de mil herreros distintos forjado sobre un solo yunque: Andalucía». Manifestación trascendente de la cultura andaluza. Arte supremo. Signo inequívoco identificativo de un pueblo.    

Lo de menos ahora es perderse por los vericuetos de las diversas teorías sobre los orígenes remotos del flamenco, cuyas raíces permanecen todavía enterradas tras el siglo XVIII, porque lo verdaderamente importante es la vocación expansiva, a partir de sus balbuceos musicales iniciales muy localizados (Triana, un centro prodigioso), a través de la evolución y propagación por toda la geografía andaluza y más: los cantes de Cádiz, de Huelva, malagueñas, granaínas, etc., escape hacia levante (los cantes de Levante) y, como insólito, el entronque americano (los cantes de ida y vuelta). «Triana ha sido como la semilla que dio fruto en el campo abonado, después se esparció por otros sitios y allí donde encontró terreno propicio, otras zonas geográficas de la Baja Andalucía, prosperó hasta adquirir la personalidad, por ejemplo, de Alcalá en sus soleares», declaraciones que Antonio Mairena realizó a este autor y que están recogidas en mi libro Imagen Última de Antonio Mairena.      

El reconocimiento tenía que haber llegado antes, mucho antes porque, entre otros hechos, como afirma con autoridad el Diccionario Enciclopédico Ilustrado del Flamenco (1988), «sin dejar de ser música y lírica de raigambre popular, puede decirse, según opinión generalizada de la mayoría de sus estudiosos, que el flamenco es un folklore elevado a arte, tanto por sus dificultados interpretativas como por su concepción y formas musicales». Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. 

Joaquín Herrera Carranza

Dr. en Farmacia (Sevilla) 

 

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