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Sabemos que reportan beneficios, pero también serios inconvenientes, superados algunos, otros no.

Aspectos positivos de los anticonceptivos hormonales son entre otros la prevención de quistes ováricos, la regulación de la menstruación, la reducción de embarazos ectópicos, prevención de fracturas osteoporóticas y de cáncer de endometrio y de ovario, tratamiento del acné, pevención de la enfermedad fibroquística mamaria, tratamiento de la perimenopausia, reducción de la enfermedad pélvica inflamatoria aguda y la reducción de la dismenorrea y de la menorragia.

No obstante  los inconvenientes más habituales son naúseas y vómitos, retención de fluidos, tensión mamaria, menorragia/dismenorrea, amenorrea, acné, seborrea, aumento de peso, depresión y/o irritabilidad, reducción de la líbido u otros más serios de tipo hipertensivo, tromboembólico, cáncer de cérvix y de mama, trastornos hepáticos e interacciones con otros medicamentos que hacen que sea este grupo terapéutico  unos de los más susceptibles de consejo farmacéutico.

No se puede hacer una buena atención farmacéutica si desconocemos los múltiples aspectos relacionados con estos anticonceptivos hormonales y  que nos plantean a diario las mujeres en el mostrador de la oficina de farmacia.

Además, la progresiva reducción de la dosis hormonal junto a la síntesis de nuevos gestágenos cada vez más parecidos a la progesterona de la mujer junto a los nuevos regímenes de toma y los ciclos adaptados al de la propia mujer, han sido las claves diferenciadoras de las nuevas píldoras, de suerte que la última innovación en este sentido la aporta un nuevo fármaco que contiene un estrógeno que tras su absorción es idéntico al estrógeno natural de la mujer, siendo recomendado aparte de cómo anticonceptivo, para el tratamiento del sangrado menstrual abundante.

Se puede decir sin temor a equivocarnos que los anticonceptivos hormonales han sido uno de los medicamentos más estudiados a lo largo de la historia de la industria farmacéutica.

Continúan sobrevolando mitos y leyendas acerca de los mismos, pero concierne a los profesionales sanitarios y muy especialmente al farmacéutico desmontar informaciones irreales e inverosímiles en base a una información científica ajustada a la realidad.

Con esta labor denodada y seria, con la completa dedicación a nuestros pacientes, la sociedad comprenderá nuestra insoslayable labor de consejo y de seguimiento del medicamento, pues somos los profesionales del mismo, de él vivimos y a él nos debemos.


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En otro orden de cosas, lo que el Gobierno llama ahorro del gasto sanitario (a costa de la bajada del precio de los medicamentos), el boticario llama ruina pues acude más cantidad de gente a la oficina de farmacia dejando cada vez menos beneficio, más horas de servicio tras el mostrador a cambio de menos, pues el número de recetas es el mismo que antes, incluso mayor, ingresando a cambio menos dinero. No olvidemos que el envejecimiento progresivo de la población y el aumento de los padecimientos crónicos, hacen que no disminuyan las prescripciones médicas, pero se hace necesaria la disminución del consumo de fármacos y no hay que olvidar que los farmacéuticos somos los primeros interesados en que funcione bien el sistema público de salud pues si quebrara, los primeros perjudicados seríamos nosotros mismos.

No obstante no se puede ahorrar en el sistema sanitario siempre a costa de los mismos, los boticarios, pues aumenta progresivamente el número de oficinas de farmacia no-rentables o bien que no pueden emplear farmacéuticos y auxiliares para disfrutar de unas merecidas vacaciones.

La situación en Andalucía es insostenible con los precios menores y la pretendida subasta de medicamentos. Siempre hemos ido a la cabeza en materia de ahorro sanitario, de gasto por receta y la administración cada vez atornilla más y más al boticario, no mirando el enorme gasto hospitalario con pruebas diagnósticas muchas veces repetidas o la sangría de las urgencias.

Creo que se impone la racionalidad y el diálogo entre todos y no la confrontación que solo puede conducir a que un sistema que funciona de manera ejemplar se desgaje. ¿Acaso pueden montar un sistema de distribución de medicamentos y de guardias que haga llegar los fármacos y material sanitario a todos los lugares de la geografía?. Muchas veces no sabemos apreciar lo que tenemos hasta que lo perdemos.

Hay una palabra muy bonita en el diccionario de la lengua: resiliencia, como capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. Esa resiliencia es la que hay que pedir a  Dios para todos nosotros. •


Fernando Paredes  Salido

Doctor en Farmacia, Medicina y Ciencias Químicas

San Fernando( Cádiz)

       

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