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Artículos | Reinventar la rueda. Por Pedro Caballero-Infante

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Puntualsenna

Digo esto porque tener un diario no es sólo de adolescentes, que quizá lo recibieran en forma de librito en blanco y con cerradura, como regalo, el día de su primera comunión.

Olegario, servidor de ustedes, lo publica desde hace tiempo en las queridas páginas de Acofar, con lo cual me “desnudo” ante mis compañeros, y al margen de mis amigos personales, estoy seguro que este desvestimiento ha logrado crear, en algunos de mis lectores, una imagen certera o desvirtuada de mi idiosincrasia tanto a nivel profesional como, incluso, al personal.

Porque no es lo mismo edad que experiencia, ni igual flexibilidad que realismo.

Esto, que parece una frase lapidaria, quiere decir que, aún desnudo frente al mundo, recibo de vez en cuando mensajes en los que lo mismo se me califica de arcaico que de boticario que está al día y tan sólo avisa de que la modernidad no debe hacernos olvidar quienes somos y de donde venimos.

Cuando abrí mi botica, y no hablo del pleistoceno, un amigo, además de compañero, ya llevaba años instalado y su farmacia era de primera división. Un día hablando de nuestras respectivas situaciones profesionales, entre otras cosas, me dijo que él compraba las bolsas de plástico a una empresa que no las personalizaba, pero que la relación precio calidad era realmente espectacular. Me preguntó por las que yo compraba que, al ser la décima parte de las de él, eran comparativamente muy caras; sorprendido y generoso se ofreció a “venderme” a precio de costo, por supuesto, las que yo necesitase.

De esta forma la bonificación por la inmensa cantidad de bolsas que pedía podría beneficiarme. Por supuesto acepté, y como éramos, y lo seguimos siendo, muy amigos, había veces que tras una cena matrimonial trasvasábamos las bolsas de su coche al mío. Logística casera.

También en aquella en mi farmacia, como en muchas, estaba la figura del fiel jubilado que su desahogo diario era estar todo el día metido en mi botica. Paco, así se llamaba, conocía a la inmensa mayoría de los incipientes vecinos de mi barrio, con lo que, al estar siempre al loro de mis “clientas”, cuando estas se quejaban de que faltaba un medicamento y que no tenían ganas de volver a salir por la tarde, Paco se ofrecía a llevarles la “falta” hasta su domicilio, ya que él vivía solo (era viudo) en pleno centro geométrico del joven barrio.

Esta costumbre se hizo hábito, y hubo algún compañero que a mis espaldas me criticó incluyéndome en un grupo que ya existía en aquella época, y que yo ignoraba, que pujaban por la clientela con la oferta de estos servicios. Les llamaban los “vespineros”. A estas alturas los veo como los pioneros de las telepizzas.

No he ido por la vida de santo sino, quizás en aquella época de mi juventud, de temeroso. Enterado de la figura del “vespinero” de inmediato eliminé esta costumbre y dejé a Paco con la miel en la boca, riñéndome “sotto vocce”, y dedicándole a otras labores de intendencia, como traer los cafés y la compra de mi casa, para que no le apareciera el síndrome de desocupado.

Estas historias, con las que se me puede calificar de abuelo Cebolleta, tienen como intención demostrar que no hay nada nuevo bajo el sol y que casi todo está inventado desde la rueda. Antes a sangre y hoy a motor.

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La primera “batallita” que relato, la de bolsas de plástico por si ya no lo recuerdan, era lo ya inventado de las nunca bien ponderadas Cooperativas farmacéuticas. ¿Y qué?, dirá usted querido lector. Pues que ahora aparecen asociaciones de boticas que al parecer creen haber inventado la pólvora.

Empiezan asociándose cinco, normalmente de la misma saga familiar, y compran unidos, como en el rosario del padre Peyton, y como ven que la cosa va bien amplían, como los antibióticos el espectro. Se incrementa el “invento” y recrean unas bases logísticas. ¿Y las Cooperativas?

En cuanto a la segunda batallita, la de los “vespineros”, la reinventan los farmacéuticos “on line” y creen haber descubierto la pólvora enviando (esto lo leo en un ensayo de “El Correo Farmacéutico”) un Frenadol solicitado por la web un viernes y recibido por el “paciente” un martes a través de SEUR o UPS con el costo consiguiente.

Son las variantes de las Cooperativas o de Paco el jubilado. Ambas figuras entrañables de lo que hoy creemos el “dernieree cri” de la profesión.

 

Olegario
Por la transcripción:
Pedro Caballero- Infante
caballeroinf@hotmail.es
@caballeroinf

 

 

 

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