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Artículos | Si pudimos, podemos. Por Pedro Caballero-Infante

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Puntualsenna

 

Al parecer el utilizar esta red sanitaria para dar salida a su producto se basa en que se trata de un artículo que tiene gran cantidad de antioxidantes (se podría comercializar también en ferreterías para los goznes oxidados) y un hongo (también en sombrererías castizas) denominado “Ganoderma luvidum” que logra propiedades inductoras del sueño sin crear dependencias.

No sigo haciendo publicidad de tan maravilloso producto que es un puro oxímoron alimenticio o farmacológico: “un café que induce al sueño y que no engancha”. ¡Mire usted que bien!

Me juego un café, aunque sea de esta marca exclusiva en Farmacias, a que mis queridos lectores estarán convencidos de que voy a despotricar contra todo lo que sea “vender” en nuestras Farmacias productos que se alejen de los meramente farmacológicos.

No van, en esta ocasión, por ahí los tiros. Lo del café me ha recordado lo que vemos con tanta frecuencia en las películas estadounidenses, donde no hay despacho de dirigente de empresa en el que no aparezca una cafetera permanente encendida que mantiene el café a la temperatura idónea para ser bebido.

-“Siéntese por favor. ¿Le apetece un café?”

Seguro que esta frase les suena aunque hayan visto poco cine americano.

El café, como el cigarrillo, en España, es una medida de tiempo y confraternidad. “Nos fumamos un pitillo y nos vamos, ¿vale?”.o “Tomamos un café y te lo cuento en cinco minutos”.

Eran deliciosas las escenas cinematográficas del rancio cine español en la que se veía al pater familias presidiendo la mesa y liando pausadamente un pitillo mientras su mujer y la prole, sentados ya sin platos en la mesa, lo observaba expectantes de alguna noticia, advertencia o idea.

Hoy hasta el porrito se lía con prisas y los compis intercambian, si acaso, monosílabos deshilvanados, porque se vive a una velocidad que ya hasta en los pueblos ha creado escuela.

Lo extraño es que en nuestra profesión no se haya vuelto a la serenidad laboriosa de la Farmacia decimonónica que imprimía carácter hasta con su olor característico haciéndola distinta de cualquier establecimiento con puertas a la calle.

A mediados del siglo pasado las prisas, paradójicamente, empezaron a marcar las farmacias. Declinaban las fórmulas magistrales, de ahí la paradoja, pero aumentaba la industria, aparecían las cooperativas como almacenes de distribución y llegaron las prisas. Albaranes, facturas, bicicletas de reparto, émulas de sprinters profesionales, pedidos telefónicos y la irrupción radiante, y digna de elogio, del Seguro Obligatorio de Enfermedad.

Yo he oído de chaval a un señor, amigo de mi padre, farmacéutico él, levantarse de una cena más pronto que nadie alegando que: “mañana tengo que cerrar el seguro”, labor que en aquellos albores del SOE era extremadamente complicada y ardua.

Aún a pesar de todo seguían existiendo los cafelitos y los cigarritos en la rebotica donde las añoradas tertulias en las que, según la leyenda urbana, se ponían o quitaban alcaldes o concejales.

Hoy ya no existen. ¿Por qué? No lo sé. Solo puedo decir que me extraña el contrasentido que paso a explicar.

Una Farmacia media dispone de una tecnología que ha facilitado la calidad de vida del titular de una forma espectacular y también éste, sin desdoro del añorado mancebo, dispone al menos de un titulado que precisamente por ello, por ser titulado, puede y debe asumir, responsabilidades que exoneran al propietario de tener que dar la cara permanentemente en el mostrador. No digamos de las que disponen de un robot dispensador.

Pues bien, y es a lo que voy, con esta mejoría de calidad laboral, ¿cómo el boticario ha perdido, o al menos, no recupera las antiguas tertulias a las que hacía referencia?

En la situación en la que estamos bien estaría contar con un “forillo” que, como antaño, pudiese proponer al menos la elección de un concejal.

Yo, cuanto que pueda instalar un robot, daré todos los jueves, para empezar, una merienda en la que citaré al Presidente de la Sociedad de Vecinos y demás poderes fácticos de mi barrio para ver si de esta forma, tacita a tacita, pongo mi granito de arena para proponer a un Ministro presentable.

Yo creo que podemos, incluso, invitar a “Podemos” para que nos digan, en tertulia y de verdad, qué piensan sobre nosotros. •

 

Olegario
Por la transcripción: Pedro Caballero-Infante
caballeroinf@hotmail.es
@caballeroinf

 

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