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Editorial | La farmacia no es una parte del problema

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Puntualsenna

 

 

En ese espacio de tiempo, la actitud de la administración sanitaria hacia las oficinas de farmacia y, por ende, hacia el conjunto del sector farmacéutico español –incluyendo la industria y la propia distribución- ha transitado entre  la falta de respeto a los compromiso asumidos y una cierta condescendencia que los profesionales de farmacia en absoluto nos merecemos, máxime si tenemos en cuenta que la farmacia ha cumplido, en todo momento, y al margen del malestar que han causado estas medidas, los acuerdos alcanzados con los diferentes niveles de la administración sanitaria, tanto a nivel autonómico como estatal. Si alguien ha ignorado lo pactado, desde luego no hemos sido nosotros.

Durante todos estos años hemos expresado, por activa y por pasiva, y en numerosos foros, nuestra postura claramente favorable a alcanzar un gran acuerdo nacional que garantice la prestación farmacéutica y el acceso al medicamento en condiciones de equidad para el conjunto de los ciudadanos de este país, con unas partidas económicas finalistas elaboradas desde el realismo y sin que estén sujetas a continuos altibajos derivados de coyunturales situaciones de precariedad económica de las que el sector farmacéutico no es, de ningún modo, responsable.

Me estoy refiriendo a un gran acuerdo que aleje a la farmacia de las maniobras cortoplacistas y sin visión de futuro por parte de unos poderes públicos a menudo instalados en una cierta –e interesada- miopía, y que se empeñan en ignorar el hecho cierto de que, a la hora de diseñar un escenario de atención sanitaria sostenible y fiable, la farmacia no es una parte del problema, sino más bien una parte innegociable de la solución.

Más allá de los posicionamientos puntualmente rupturistas por parte de algunos de nuestros compañeros –posicionamientos totalmente justificados en un marco de absoluta desesperación, ante los reiterados incumplimientos de algunas administraciones en materia de pago de recetas-, la verdad es que la actitud demostrada por los profesionales de farmacia en el conjunto del país está evidenciando una altísimo sentido de la responsabilidad, así como una voluntad expresa de no hacer recaer sobre los ciudadanos las consecuencia de una negligente planificación de los recursos económicos por parte de nuestros gestores públicos.

Un sentido de la responsabilidad que harían mal los responsables políticos en confundir con debilidad, con incapacidad reivindicativa o con resignación corporativa. No es así. Sólo el compromiso profundo con los usuarios, asumido por quienes creemos en el papel fundamental que desarrollamos los farmacéuticos en un moderno sistema de salud, explica la voluntad de los farmacéuticos de buscar fórmulas de compromiso para garantizar el acceso a los medicamentos y productos sanitarios a todos los ciudadanos. En este sentido, la deuda que la administración mantiene con los farmacéuticos no sólo es económica, es mucho más.

Tiempo habrá, en fin, para reevaluar cómo y porqué se ha llegado a esta situación e incluso para analizar si los planteamientos reivindicativos de nuestro sector deben ser modificados de cara al futuro, a fin de evitar que se repitan escenarios como el actual. Mientas tanto, la profesión farmacéutica debe mantenerse más unida que nunca, conscientes como somos de que una coyuntura económica hostil y la imprevisión de los poderes públicos nos han condenado a sufrir los efectos de una nueva vuelta de tuerca que los farmacéuticos de este país ni hemos buscado ni tenemos porqué soportar.

Eladio González Miñor

Presidente de ACOFARMA

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